Los pinos de las montañas de Cebreros saben de satélites mucho antes de que la Agencia Espacial Europea (ESA) inaugurara su segunda gran antena en octubre. La Nasa ya tuvo en ese privilegiado mirador al cielo una estación al comienzo de la carrera espacial. Es un lugar aislado y a la vez bien comunicado, a unos noventa kilómetros de Madrid. El espacio radioeléctrico está limpio de interferencias y la altitud es idónea, en las estribaciones de Gredos. De la Nasa pasó al INTA (Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial) y este se la ha cedido a la ESA.