La cantidad de trabajadores europeos que deben subir la voz para comunicarse durante su trabajo es similar a la población española: unos 40 millones. Por ello, la Comunidad Europea ha dado una vuelta de tuerca más en su cerco al ruido. La pérdida auditiva ya es el principal problema de la sanidad europea. Uno de cada siete adultos presenta alguna dificultad auditiva y cada vez son más jóvenes. La mitad tienen menos de 65 años, lo que prueba que no se debe a los achaques de la edad. Contra todo esto, el próximo día 15 de febrero entra en vigor una nueva normativa que obligará a las empresas a reducir los niveles sonoros de los centros de trabajo.