Después de cuatro interminables horas de entrega de premios, solo una característica de la ceremonia de los Goya concita la unanimidad: fue plúmbea. A partir de aquí, todo es discordia. Que si la cinta más premiada está rodada en inglés, con actores extranjeros y su directora, digámoslo claro, no cae simpática; que si la película enviada a representar -tal vez- a España en los Oscar se fue casi de vacío la noche del domingo, lo que invita a pensar en una Academia 'esquizofrénica'; que si la reconciliación con Almodóvar está al caer... ¿Pero esto no iba de cine? Medición del tedio: fue vista por 2,3 millones de espectadores, 1,4 menos que la del 2005. La cuota de pantalla fue del 18,9%.