Los cazatesoros del siglo XXI cotizan en Wall Street y contratan a los mejores historiadores del mundo para que husmeen en archivos y universidades el rastro de los barcos hundidos. En las entrañas de esos navíos, galeones y vapores echados a pique por huracanes y tormentas duermen tesoros fabulosos. Greg Stemm, un antiguo agente publicitario estadounidense reconvertido en cazatesoros y experto en leyes sobre el patrimonio sumergido, dice haber localizado en aguas gaditanas, a solo 11 millas de la playa de Atunara, «el mayor tesoro de la historia».