Las temperaturas de hasta cinco grados bajo cero que sucedieron a la primera nevada del año durante la madrugada de ayer convirtieron las calles de la ciudad en una enorme pista de hielo a pesar de los esfuerzos de los servicios de limpieza, cuyos operarios trabajaron a destajo y repartieron nada menos que 150 toneladas de sal solo en la capital, una cifra más que considerable si se tiene en cuenta que durante el gélido invierno del 2001 -cuando se congeló el Pisuerga- esparcieron solo cien toneladas en un mes.