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Viernes, 27 de enero de 2006
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Los peritos califican de irreversibles las lesiones de una niña tras el parto
Los seis médicos especialistas que comparecieron ayer en el juicio contra la ginecóloga, M. J. C. P., acusada de un presunto delito de lesiones graves a una niña, aseguraron en la sala que la pequeña Laura, que actualmente tiene 8 años, sufre «lesiones irreversibles» como consecuencia de la pérdida de oxigenación durante los horas anteriores al parto.

Los peritos, sin embargo, discreparon sobre el origen de las lesiones que conllevan que la pequeña Laura sufra una discapacidad del cien por cien lo que le impide no solo la movilidad sino su subsistencia de forma independiente. El médico forense indicó que la parálisis cerebral se debió «a la falta de oxigenación en el momento del parto, lo que le provocó el sufrimiento perinatal». A pesar de ello, el forense exoneró de cualquier responsabilidad a la ginecóloga acusada, y a la posible mala utilización del forceps para extraer al bebé el 24 de julio de 1997.

Tanto este médico judicial como otros testigos especialistas insistieron en que la desaparición de las gráficas de monitorización podían aclarar más aún la secuencia de la atención en el parto, y demostrarían si el bebé sufrió taquicardias graves antes del alumbramiento. Las monjas del Sagrado Corazón, la clínica donde tuvo lugar el parto, señalaron en la jornada anterior su sorpresa porque hubiera desaparecido el historial del registro, que habitualmente se confía a los médicos.

La matrona que asistió a la madre recordó al tribunal que la doctora acusada le indicó que bajase a la paciente al paritorio con cuatro centímetros de dilatación, y dijo desconocer si la misma era completa cuando la ginecóloga le pedía que empujase.

En este sentido, el médico de familia y especialista en medicina forense, Nelson M., insistió en que el «embarazo fue normal ya que la madre no tenía antecedentes de problemas congénitos», que explicarían los rasgos dismórficos con los que nació la niña.

Tanto este médico como otro especialista apuntaron que las malformaciones podrían haberse detectado en las ecografías que se hicieron a la madre, y que la ginecóloga procesada que siguió su embarazo debería de conocer. La defensa sostiene que no hubo negligencia y achaca las lesiones a problemas congénitos.



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