CUATRO ha estrenado la serie norteamericana 'House', que sustituye a 'Roma' en la noche del martes. Se trata de un producto de la Fox que viene con los mejores avales: figura entre las diez mejores series de la temporada en los Estados Unidos y trae cuatro candidaturas a los Emmy y un Globo de Oro. El público español no siempre es receptivo a tales méritos (véase el caso de 'Urgencias'), pero son datos que permiten valorar bastante objetivamente su calidad. Se trata de una serie de médicos: el eje de la narración está compuesto por casos clínicos, los personajes son galenos de diverso peso y el escenario es un hospital. House, en realidad, es un señor: el doctor Gregory House, un tipo inaguantable, malencarado y borde, cuya única virtud visible es un sorprendente talento intuitivo para resolver casos difíciles a base de tratamientos imaginativos y rectificaciones sobre la marcha. Buena parte del peso de la historia descansa sobre el actor que encarna a House, Hugh Laurie, que lo hace verdaderamente bien (para él fue el Globo de Oro). Y lo más llamativo de la puesta en escena es, sin duda, la reconstrucción en imagen de los procesos fisiológicos, desde el comportamiento de una tenia hasta un proceso alérgico pasando por el virus del sarampión.
Aquí hay que quitarse el sombrero ante la pericia técnica de 'House', porque pocas veces se ha visto en pantalla, al margen del género documental, un retrato tan exacto de la vida microscópica. Por encima de todo eso, 'House''xhibe unos diálogos de agilidad extraordinaria, un ritmo que atrapa la atención desde el primer momento, un planteamiento narrativo de implacable realismo, unos diálogos repletos de reflexiones sugestivas y, además, un sentido del humor muy bien administrado, y el conjunto de todas esas cosas provoca en el cerebro del espectador un masaje de lo más estimulante. Realmente 'House' merece su fama y su éxito. Vale la pena verla.