nortecastilla.es
Jueves, 26 de enero de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares     Página de inicio
PORTADA ACTUALIDAD ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
EL TIEMPO
LO + BUSCADO
Oposiciones
Cursos On line
Inglés
Ofertas de viajes
Antivirus
SMS gratis
Alquiler de pisos
Recetas de cocina
AUDIENCIA
OPINIÓN
EDITORIAL
El Clio ayudará al Modus
LOS sindicatos de Renault recibieron ayer con satisfacción la noticia de que la empresa plantea la posibilidad de fabricar el Renault Clio en la factoría de Carrocería Montaje de Valladolid compaginándolo con el Modus, cuyos malos resultados comerciales han supuesto la pérdida de alrededor de tres mil puestos de trabajo, directos e indirectos. La decisión de la multinacional francesa es una salida a una crisis que no se puede desligar de la que atraviesa el sector de la automoción en el mundo y que está destruyendo numerosos empleos. Ya pocos reivindican la vuelta al tercer turno puesto en marcha hace poco más de un año en la factoría vallisoletana, y todos se conforman con mantener los dos que todavía quedan, y hacerlo a pleno rendimiento.

Las condiciones que Renault ha planteado para alternar las fabricaciones del Modus con el nuevo Clio, parecen, a priori, negociables, y cabe esperar que todos los implicados serán conscientes de que la destrucción de empleo es la peor noticia posible, máxime en una comunidad que no se distingue precisamente por andar sobrada de ellos. La inversión necesaria para hacer realidad esa recuperación de una mayor carga de trabajo obligará a todos a ser generosos. Hasta ahora, los sindicatos han mantenido una actitud prudente, e incluso cuando se han manifestado en la calle lo han hecho bajo una pancarta con un lema difícilmente cuestionable: en defensa del empleo y de la industria. La empresa, por su parte, ha dado muestras de preocupación por defender los mismos intereses, aportando esta solución que si se hace bien será buena para toda la sociedad castellano y leonesa.

Lo que cabe esperar ahora es que todos los implicados en este proyecto de recuperación de uno de los complejos industriales punteros de Renault y de la región demuestren con hechos su compromiso real con el mismo y con los afectados, que son muchos más que los que viven directamente de la factoría. Entre esos agentes destacan los poderes públicos, que no se limitan al Gobierno regional, incapaz de asumir en solitario el coste de esta especie de reflotación, sino al Gobierno de la nación, obligado a ser, por lo menos, tan generoso con Renault como lo fue en su día con Seat; otra empresa emblemática sobre la que pesan considerables deudas. El resto de la sociedad, al tiempo que espera la generosidad de quienes administran los dineros de todos, debe ser muy exigente en el estricto control de cuantas ayudas aporten esos poderes.

Si en un plazo corto de tiempo se logra que los sindicatos sigan con los pies en el suelo, la empresa cumpla sus compromisos, las administraciones aporten los fondos necesarios y no se malgaste ni un céntimo del dinero puesto, habrá llegado el momento de alegrarse de verdad.

La primera encíclica
Benedicto XVI ha esperado casi diez meses para publicar su primera encíclica, 'Deus caritas est' (Dios es amor), y no parece una declaración programática al uso de sus antecesores. El documento, de gran factura intelectual y con un tono de catequesis, supone una invitación a volver a los fundamentos del cristianismo y a uno de su mensajes centrales: el amor a Dios y al prójimo. Frente a lo que algunos sectores podrían anticipar en línea con los antecedentes biográficos de Ratzinger, no se trata de un catálogo de prohibiciones, sino de una reflexión positiva, aunque desde la exigencia que marca la doctrina cristiana.

El Pontífice se refiere a la compatibilidad del amor erótico y el amor a Dios, pero, al mismo tiempo, establece el rechazo a su «desviación destructora» y reivindica su verdadera grandeza más allá del «placer de un instante». En su encíclica, Benedicto XVI contrapone al amor egoísta la «aproximación y la entrega al otro», como mensaje contra la violencia y el odio y en favor de la tolerancia; un discurso que es coherente con su inclinación hacia la cultura ecuménica. La segunda parte de la encíclica trata de la caridad. El Papa admite que el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea que corresponde a los políticos, pero sitúa en la misión de la Iglesia la lucha de la justicia, ámbito en el que sí se encuentran la fe y la política.

Joseph Ratzinger ha huido del tono solemne para formular con sencillez la esencia del cristianismo en positivo y destacando sus características de fe exigente en uno de los grandes valores de la Humanidad: el amor entendido como entrega al prójimo sin esperar otra compensación que un renovado dinamismo de compromiso en la respuesta humana al amor divino.



Vocento