Me dirijo a esa señora o señorita que el pasado miércoles, 18, a las 14.02 horas, en la calle Don Sancho, a la altura del cruce con calle La Merced, cruzó la calzada sin ocuparse de comprobar que el semáforo estaba abierto para los vehículos y no para los peatones.
Yo soy la conductora contra la que chocó y que, creo es la obligación de todo bien nacido, tuve la decencia de parar para preguntarle si la había ocurrido algo pero, cual fue mi sorpresa cuando al comprobar que me había destrozado con su bolso o su cuerpo, no lo sé, el espejo retrovisor y, en lugar de esperar y hablar conmigo, salió corriendo como que con ella no iba la historia.
No se preocupe, que de mi bolsillo voy a pagar el espejo, no era mi intención cuando detuve mi vehículo solicitarle a usted la póliza de seguro de peatón para que se hiciese cargo de la reparación, pero sí la recuerdo que «ha vuelto usted a nacer hoy a las doce horas y dos minutos». Procure no olvidarlo cuando de nuevo tenga mucha prisa para cruzar una calle; los conductores responsables se lo agradeceremos.