Cada día parte de Santiago de Chile un avión con 20 toneladas de merluza austral en sus bodegas. Destino, Mercamadrid: el mercado central de abastos de la capital, el mayor de Europa y la primera lonja de pescados del mundo en número y variedad de especies ofertadas; más de doscientas, frente al centenar que se comercializa en la de Tokio, que supera a Madrid en el tonelaje total trasegado.
Estas cifras, y el hecho de que España sea, tras Japón, el segundo consumidor mundial de pescado per capita, convierten a la 'merluccius australis' en «una especie estratégica tanto para España como para Chile», subraya Eric Goles, presidente de CONICYT. La base de datos de pesquerías de la FAO describe a la merluza austral, merluza del sur, maltona, merluza española o pescada de los canales, como «de cuerpo más estilizado que el de otras especies de merluza». De color gris acero en el lomo, más claro en los lados y plateado en la zona ventral, se concentra en aguas del extremo sur de Argentina y Chile, en ambos océanos, y en torno a Nueva Zelanda. Dicen los técnicos que la merluza austral de criadero, en los escasos ensayos realizados hasta ahora, promete un «alto rendimiento en cautividad y escaso descarte», lo cual apuntala su enorme potencial comercial tanto en Europa como en América.
Si el proyecto hispano-chileno fructifica, su valor económico estaría más que garantizado y podría compensar la disminución en las capturas extractivas. En el 2003, las capturas globales fueron de unas 56.000 toneladas, lejos de las casi 75.000 registradas en 1988.