nortecastilla.es
Martes, 24 de enero de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares     Página de inicio
PORTADA ACTUALIDAD ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
EL TIEMPO
LO + BUSCADO
Oposiciones
Cursos On line
Inglés
Ofertas de viajes
Antivirus
SMS gratis
Alquiler de pisos
Recetas de cocina
AUDIENCIA
OPINIÓN
ARTÍCULOS
Turismo delibeano
ALGÚN día de estos habrá que llevar algunos apuntes de la obra de Delibes hacia la linde de la inspiración en el turismo rural, que ahora llamamos de interior. Nadie como Miguel Delibes entró a saco en la Castilla rural y pocos la dibujaron con tanta precisión orográfica. Los perfiles de la sociedad rural, los viejos oficios, los dichos y quehaceres, los trabajos del campo y los 'nublaos' de aquel clima pasado podrían ceder el argumento a muchos senderos de aldea en las rutas menores señalizadas por los mil valles que agrietan la meseta. Desde la libertad que da la imaginación se me antojan esculpidas las estampas de los personajes de Delibes repartidas por pueblos y parvas. Algunas de sus caras tienen rostro. Se las puso el cine en blanco y negro y en color.

Los hijos literarios del escritor tienen esa mezcla de crudeza y ternura soldada a la tierra. Muchos de ellos -por no decir todos- no se entenderían sin su espacio físico. ¿Cómo si no podríamos comprender al señor Cayo, a Aniano el Cosario recibiendo al emigrante, a Daniel el Mochuelo, al Senderines, a Azarías, al tío Ratero, a la Desi y a una larga lista de vivos para siempre?

Sus conversaciones siguen vivas en el hablar de las gentes. Nietos de aquellos a los que el escritor cinceló con detalle agotan su existencia sin saber que -a Dios gracias- vivencias y duelos de los suyos ya están metidas en los libros gracias a que fueron la fuente de inspiración de un reportero que las introdujo en la novela de su vida. La avutarda, el raposo, la rata de agua, la liebre, la perdiz, el cuco y los abejarucos -entre un centenar de seres vivos de pelo y pluma- ocupan el arca delibeana. Bien podrían hoy ser reclamos en los mensajes de naturaleza que invitan al forastero a venir a ver lo que hemos salvado y puesto en valor del zoológico meseteño. Cuántos ríos y montes podrían sorprender al cazador con siluetas delibeanas rasgando el aire y sorteando el perdigón.

Algunas conversaciones -casi relatos enteros- podrían convertirse en el 'off' de los museos de pueblo, en esas colecciones que no se quemaron en la hoguera del sobrao. El visitante agradecería ese parlamento que usaban nuestros mayores antes de la llegada del pistón, el plástico y la lavadora. Lo que se están perdiendo los cuentacuentos, que por ahí también Delibes es prolijo.

El mejor ejemplo de la eficacia de inspirarse en Delibes con fines turísticos es el de Cipriano Salcedo. El Hereje tiene su ruta real trazada sobre el suelo del escenario histórico de Valladolid.

La historia y la literatura compiten hoy con el arte en la propaganda cultural. Colón se llevará la palma en este año turístico que a nacer empieza El Quijote tuvo lo suyo y se gastó bien.

Solo quería recordar otras fuentes de inspirar que nacen de la mejor literatura de interior, la que destripa Delibes, la que describe y narra el mundo rural.



Vocento