En plena psicosis por la enfermedad bovina conocida como de las 'vacas locas', vecinos de Revenga denunciaron las malas condiciones de la fosa de ganado de Revenga donde, según dijeron, se seguían depositando cadáveres de animales sin ningún control adicional. No obstante, a criterio de los técnicos municipales su utilización estaba siendo la correcta. Corresponde a «una práctica habitual y no ha pasado nada», afirmó el entonces alcalde, José Antonio López Arranz, quien advirtió que «si se detecta alguna ilegalidad se adoptará la solución adecuada». El alcalde dijo no tener más información del tema que la contenida en los informes de los técnicos, según los cuales «la fosa se ha venido utilizando con normalidad hasta el día de hoy». Era el 24 de enero del 2001 y en el Ayuntamiento no constaba la existencia de ningún informe del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil -que había girado una inspección al lugar- ante las quejas de los vecinos de Revenga, ni se sabía si el asunto era conocido por la Junta de Castilla y León.