Ya han firmado veinte y, por el ambiente que se respira tras los escaparates de la Circular, parece que se sumarán más. Un grupo de comerciantes de la plaza y su entorno ha elaborado un escrito dirigido a la Concejalía de Urbanismo en el que expresa su preocupación por las obras del aparcamiento subterráneo y la negativa repercusión que estos trabajos tendrán en sus negocios. Wenceslao Ciriero, copropietario de la cafetería chocolatería Erebus, ha sido uno de los impulsores de este documento en el que se estima que las pérdidas podrían alcanzar el 50% e incluso llevar al cierre a algunos establecimientos. El corte total del tráfico entre Padre Claret y Veinte Metros durante al menos ocho meses, los problemas de accesibilidad para los peatones y las dificultades para la carga y descarga hacen temer lo peor a los propietarios de la que a partir del viernes se convertirá en un área vedada. «Solicitamos al Ayuntamiento que realice un estudio de impacto comercial y que reduzca los impuestos a los establecimientos afectados», explica Ciriero.
La palabra «horroroso» y la expresión «¿qué va a ser de nosotros!» se repetía ayer en los testimonios recogidos, mientras que en Calzados La Circular ya se anuncia en el escaparate 'Ofertón, por las obras... y el tapón'. «Del año pasado a este hemos notado que han bajado muchísimo las ventas, al poner los carteles parece que se ha levantado un poco», explicaba Beatriz Escudero, dependienta de este establecimiento ubicado en la esquina con Pérez Galdós, uno de los comercios con indulto parcial al estar situado en la zona que quedará abierta a la circulación.
En la confluencia de la plaza con el túnel de San Isidro la sensación de «aislamiento» es ya casi total. Inmaculada de Gonzalo es dueña de la tienda de regalos 'En un plis plas', un negocio acogotado ahora entre vallas donde apenas queda medio metro para que pasen los peatones. «El alcalde va a su bola, yo no soy nada política ni digo que las cosas no se tengan que hacer, pero en cada época una y no todos a la vez, lo que pasa que esto ya no lo para nadie», lamenta a la puerta de su comercio donde hay abierto un gran socavón.
El enfado de los comerciantes contrasta con los datos de solicitudes para una de las 430 plazas aparcamiento, que revelan la necesidad real de nuevos huecos para los coches en el barrio. Según los números facilitados por el Consistorio, en el estudio de mercado las peticiones alcanzaron las dos mil y ahora superan en 200 las plazas disponibles
La mayoría de los comerciantes consultados coinciden además en la falta de oportunidad en el inicio de las obras, ya que el desvío de redes subterráneas comenzó en diciembre, en plena campaña de Navidad, y desde entonces las molestias no han respetado tampoco las rebajas de enero, la época más jugosa para el pequeño comercio.
En las calles adyacentes la sensación no cambia. «Ya estábamos mal, pues fíjate ahora, aunque la verdad que se necesitan aparcamientos, porque los representantes cuando vienen aquí dan cien vueltas», explica Ascensión Aguado, de la Mercería Nenúfar en Industrias. El carnicero Santiago Estrada, con clientela fuera del barrio, prevé una caida en las ventas, ya que muchos de ellos ni se acercarán por la plaza. «Podrían hacerlos como los norteamericanos, un edificio solo para meter coches», propone.
El presidente de la asociación Bailarín Vicente Escudero, Rafael de Vega, confirmaba ayer que algunas comunidades de vecinos se han puesto en contacto con abogados y notarios para certificar el estado actual de sus viviendas ante el riesgo de que las obras puedan afectar a las estructuras al ser una zona de paso del discólo cauce de La Esgueva. El responsable de esta organización, contraria al aparcamiento en la plaza, asegura que el vecindario esta «soliviantado, pero resignado».
«Dicen que utilicemos las rondas, pero ahí van a coincidir los 40.000 coches de la Circular, los 20.000 del Paseo de Zorrilla y los de la avenida de Salamanca», apunta.