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Jueves, 19 de enero de 2006
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 Actualizado: 1.24 a.m.
 
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Sainz, con el rostro polvoriento al acabar una etapa. / D. MEYER-AFP
AUTOMOVILISMO
Carlos Sainz supo lo que es el Dakar, sus luces y sus sombras, el desierto, las dunas, las trampas, la 'hierba de camello'... Aprendió como un novato humilde, ganó cuatro etapas, terminó undécimo en la general y ya está deseando buscar el triunfo el año que viene. Está convencido de que, si el dichoso embrague no se le hubiera estropeado, podría haber llegado al Lago Rosa en el podio.
 
 

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