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Miércoles, 18 de enero de 2006
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CULTURA
FERNANDO DEL VAL ESCRITOR
«La poesía no inspirada está rebajada, falta de quilates»
El periodista presenta 'Amanecer en Damasco', su primer poemario, que sale a la luz de la mano de la editorial Difácil
La salida a las librerías del primer poemario de Fernando del Val (Valladolid, 1978), 'Amanecer en Damasco' ha coincidido con la obtención del premio Ateneo joven de poesía por 'Hundidos en Mercurio', un poema que se incluirá en un segundo libro de próxima aparición.

Mientras tanto, 'Amanecer en Damasco' ocupa su lugar en la actualidad cultural de la ciudad pues ayer fue presentado en la Casa Revilla, de la mano de la poeta Esperanza Ortega, del editor de Difácil, César Sanz, y del propio autor.

Esta poesía primera de Fernando del Val es, antes de nada, sorprendente. 'Amanecer en Damasco' no tiene nada de generacional. Es un libro cuidadosamente construido en el que las citas clásicas, el latín y las referencias literarias conviven con una absoluta falta de temor hacia las palabras. «No solo no las tengo miedo sino que me recreo en ellas -afirma el autor- porque la poesía es la precisión del lenguaje e intento buscar las palabras adecuadas. Es más mi propuesta es para disfrutarlas y mantener una relación afectiva con ellas»

En cuanto a las referencias clásicas, lo tiene muy claro. «Somos pasado. No recuerdo quién dijo que después de Homero todo es decadencia. Para ver qué es lo que pasa hay que leer lo contemporáneo, pero para saber quiénes somos hay que leer a los clásicos, hay que leer hacia atrás».

No le preocupan las etiquetas «porque ni yo mismo reconozco en lo que escribo el rastro de mis influencias». Influencias que, dejando a un lado su evidente gusto por la cultura clásica, muestran intereses variadas que van desde Gamoneda o Esperanza Ortega a Ángel González, Juan Gelman o Luis García Montero. «Disfruto de lo mejor que tiene cada uno», explica.

Hermetismo

Tampoco le preocupa que le llamen hermético. «Aunque creo que lo último que estoy escribiendo se entiende mejor, sin que haya perdido profundidad. Como me dijo un profesor al que le mostré mi primer libro, si todo el mundo entendiera la poesía viviríamos en un mundo utópico. Leo con disciplina, porque la lectura y la escritura son placenteras pero dependen de la voluntad. Ni pretendo ni se puede pretender que todo el mundo lea poesía».

Pero lo que sí le pide a su obra y sin concesiones es que proceda de la inspiración. «Los poemas de 'Amanecer en Damasco' surgieron bastante inspirados. Es lo que le exijo a la poesía que, de lo contrario, me parece rebajada, falta de quilates».



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