Es difícil sorprenderlos in fraganti porque se amparan en las altas horas de la madrugada y en el reducido fluir de transeúntes para cometer sus fechorías, pero varios fueron identificados el pasado año por los agentes de la autoridad mientras quemaban o arrancaban papeleras, contenedores y bancos, derribaban señales de tráfico u ocasionaban destrozos en zonas verdes e instalaciones públicas o privadas. Su gozo de mostrar una rebeldía a todas luces dañina y en el escenario equivocado sin temor a ser descubiertos se vio, pues, en un pozo. Y es que el Ayuntamiento presentó durante el pasado año 27 denuncias contra autores identificados de actos vandálicos en la capital, que implicaron a un mayor número de personas porque los gamberros no actúan solos, suelen llevar a cabo los destrozos en grupos de dos, tres y hasta cuatro personas, la mayor parte de ellos menores de edad.