Irán tensó de nuevo la cuerda ayer al reiterar un día después de reanudar su controvertido programa nuclear que no cederá en su intención de dominar la «energía nuclear civil», a pesar de los riesgos de sanciones y las condenas internacionales.
El presidente iraní, el ultraconservador Mahmud Ahmadinejad salió a la arena política para reafirmarse en su postura: «Nuestro pueblo no se dejará intimidar por la agitación y seguirá, con fuerza, por el camino del progreso para dominar y utilizar la energía nuclear con fines pacíficos», dijo.
La reacción internacional a los planes nucleares iraníes llegó ayer desde Israel, que posee la bomba nuclear.
En línea con las manifestaciones de Estados Unidos y la Unión Europea del martes, el Gobierno hebreo pidió que el régimen de los ayatolás se pusiese en manos del Consejo de Seguridad de la ONU «cuanto antes», para que éste tome las medidas necesarias con el fin de impedir que aumente su capacidad nuclear.
En Teherán, las manifestaciones de altos responsables del régimen no variaban con respecto a las de su presidente. «No podemos renunciar a nuestro derecho. Ningún iraní está dispuesto a renunciar al mismo y ellos deben saber que nos mostraremos firmes», declaró Akbar Hachemi Rafsanyani, en la plegaria colectiva de ayer.
«Con sabiduría defenderemos nuestros derechos, y si nos crean problemas, lo lamentarán e Irán saldrá vencedor» de cualquier crisis, sostuvo Rafsanyani, que dirige el Consejo de Discernimiento, la principal instancia de arbitraje político del régimen.
Irán reanudó este martes sus actividades de investigación en materia de combustible nuclear después de más de un año de suspensión, agravando la crisis con Occidente.