La decisión iraní de reanudar el trabajo de I+D en su planta de Natanz no es técnicamente la vuelta al proceso de enriquecimiento del uranio (su fase inicial de conversión sería en todo caso más adecuada, según los especialistas), pero en términos políticos y sobre todo mediáticos la distinción se ha evaporado: Irán se empeña en obtener armas atómicas es la somera conclusión que se impone y circula.
Es probable que el país esté buscando dotarse de armas nucleares tácticas porque se sabe amenazado en el entorno atómico-militar más denso del planeta: la India, Pakistán, Rusia e Israel tienen armas atómicas y los norteamericanos están en Irak y en Afganistán, dos vecinos.
En los dos cuatrienios del moderado Mohamed Jatamí, tan elogiosamente recordado hoy como ignorado cuando era presidente, el programa funcionaba y solo fue interrumpido en el penúltimo año de su mandato como prenda de negociación con la AIEA.
Tal negociación entre la agencia de la ONU que se ocupa de estos asuntos y un Estado firmante del Tratado de No Proliferación no llegó a ningún acuerdo. En versión iraní, tal acuerdo es el derecho a enriquecer uranio y obtener así combustible en suelo iraní. El punto muerto fue visible en seguida y ahora solo queda la esperanza de que Teherán acepte una imaginativa propuesta rusa: enriquecer el uranio a cargo de una empresa mixta irano-rusa en suelo ruso en cantidad y porcentaje que pueda generar electricidad, pero no alimentar bombas nucleares.
El acceso a la presidencia de Mahmud Ahmadineyad ha añadido un explicable plus de intranquilidad, pero no altera en el fondo la envergadura del problema. Una prueba es la defensa que del derecho iraní a acceder a la última tecnología y, en general, del programa atómico, hizo el lunes el ex presidente Rafsanyani, que perdió inesperadamente las elecciones frente al joven y purista Ahmadineyad.
Hoy se reúne en Berlín la 'troika' europea (Francia-RFA-Reino Unido) que, con respaldo de Washington, negocia con Teherán. El ministro británico Jack Straw dijo ayer que el asunto de la sesión será el eventual envío del dossier al Consejo de Seguridad, para sanciones. Pero no es seguro que tal cosa suceda: Moscú pedirá, y obtendrá, más tiempo.