Pese a las rencillas del pasado y al cruce de insultos durante la reciente 'guerra del gas', el presidente ruso, Vladímir Putin, parece no desear que se vaya al traste el acuerdo alcanzado la semana pasada y que en Ucrania ganen terreno los partidarios de la radical ex primera ministra, Julia Timoshenko.
La oposición ucraniana aprovechó el martes el cuestionamiento acuerdo con Rusia sobre suministros de gas para destituir el Gobierno en ausencia del presidente Yúschenko, que tildó la decisión del Legislativo de «anticonstitucional».
Y es que si Putin deja ahora en la estacada a Yúschenko, por mucho que le revuelva el estómago su afición atlantista, corre el peligro de perder el control sobre la red de gaseoductos ucranianos.
Por eso, Putin le tendió ayer la mano a Yúschenko en Astaná, la capital de Kazajstán, a donde ambos acudieron para presenciar la ceremonia de investidura del presidente kazajo, Nursultán Nazarbáyev.
Durante el encuentro mantenido después con Yúshenko, Putin se congratuló de la firma, el pasado día 4, del acuerdo sobre los precios del gas, que puso fin a una crisis que empezaba a hacer mella en la Unión Europea.
El presidente ruso prometió además ayudar a Ucrania, recibir en breve en Moscú al primer ministro ucraniano, Yuri Yejanúrov, destituido el martes por la Rada (Parlamento) aunque seguirá desempeñando el cargo de forma interina, e incluso aceptar la invitación del presidente de Ucrania de ir a esquiar a los Cárpatos. Yúschenko, por su parte, respondió halagando también a su interlocutor y asegurando que su país «no incumplirá ni una letra de lo pactado con Moscú».