nortecastilla.es
Jueves, 12 de enero de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares     Página de inicio
PORTADA ACTUALIDAD ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
EL TIEMPO
LO + BUSCADO
Oposiciones
Cursos On line
Inglés
Ofertas de viajes
Antivirus
SMS gratis
Alquiler de pisos
Recetas de cocina
AUDIENCIA
OPINIÓN
EDITORIAL
Imprescindible consensoÓrdago de Teherán
LAS partidas finales de la negociación de la reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña están ya disputándose y pese a que todavía se mantienen serias diferencias sobre algunas de las cuestiones cruciales -diversos aspectos de la financiación o la utilización del término 'nación' en el preámbulo o en el articulado-, la sensación más extendida que se desprende de la situación es que el acuerdo entre el partido del Gobierno y sus socios se conseguirá; aunque sea porque a estas alturas parece muy difícil que ninguno de los promotores de la reforma se atreva a frustrar el nuevo Estatuto.

El Gobierno se ha mostrado riguroso para evitar que los límites no sean traspasados y ello aleja la incertidumbre de que la radical propuesta inicial aprobada en el Parlamento de Cataluña pudiese desembocar en una reforma constitucional encubierta. Como es evidente, en un Estado social de Derecho como el español no existe la posibilidad de tal pirueta ya que una ley que no se ajusta a la Constitución es, simplemente, nula. Así las cosas, una vez que cobra cuerpo la posibilidad de un Estatuto consensuado, el PP -que participó en los trabajos de elaboración de la propuesta catalana, aunque votó finalmente en contra al sostener tesis, por cierto, muy semejantes a las del Gobierno del Estado-, se ha ido acomodando pragmáticamente a la nueva situación. Los populares han presentado enmiendas al texto y el propio Mariano Rajoy ha manifestado recientemente que defenderá en persona la posición de su partido en el trámite de ponencia en el seno de la Comisión Constitucional; lo que apunta a que la estrategia más centrada de Piqué está imponiéndose frente a otros sectores que preferirían el desmarque total de su partido. Y llegados a este punto, da la impresión de que la clave de la reforma del conjunto del Estado de las Autonomías estriba en la consecución de un modelo general de financiación que satisfaga al tiempo a las comunidades más prósperas y a las más atrasadas, y que debería servir de referencia para futuras actualizaciones. Está claro que PP y PSOE están llamados a convenir en última instancia las nuevas dimensiones y características de un terreno de juego autonómico que no solo habrá de preservar las reformas de las futuras alternancias en el Gobierno sino también, y sobre todo, mantener la práctica del consenso en las grandes cuestiones de Estado.

La decisión iraní de romper los sellos de su instalación nuclear de Natanz ha resultado un auténtico mazazo para la estrategia diplomática desplegada durante dos años y medio por la troika europea -Alemania, Francia y Reino Unido- y en parte por Estados Unidos, que había delegado la mayor carga de la gestión de la crisis a la UE. El sentimiento que invade a los negociadores, que se reúnen hoy, es claramente de pesimismo y decepción.

Pocos dudaban de que la reanudación del programa atómico se produciría a la vista de las fintas con las que Teherán llevaba meses dilatando el proceso negociador. Y más aún con la llegada a la jefatura del Estado del ultrarradical Mahmud Ahmadineyad, que no ha dejado de instrumentalizar con fines políticos y de exaltación nacionalista la crisis nuclear. Con todo, los actos de Ahmadineyad deben en todo momento ser insertados en la compleja situación geopolítica regional: Irán es un país chií, rodeado de Estados suníes o bajo control norteamericano y 'envuelto' en un entorno hostil y en el que las armas atómicas están ya presentes. Incluso conviene no descartar el hecho de que el furibundo presidente iraní, en el fondo no esté lanzando sino un órdago dirigido más a potenciar una estrategia interna de reafirmación que al enfrentamiento directo con la comunidad internacional. El sentido común dicta que Irán debería aceptar la proposición rusa de enriquecer en su país el uranio que necesita para uso civil, aunque parece que Teherán está más deseoso de que Israel ejecute un ataque militar a sus centros nucleares que de obtener sustanciosas contrapartidas energéticas.

Es ahora cuando hay que tener la mente muy fría y no dar pasos irreversibles. Pero igualmente, y de persistir Irán en su cerrazón, deberá ser el Consejo de Seguridad de la ONU el que tome cartas en el asunto si se quiere evitar en la región una escalada de impredecibles consecuencias.



Vocento