El ex presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, popularizó la frase '¿es la economía, estúpido!' para atacar a sus rivales republicanos. Carpintero le ha dado la vuelta y trata de demostrar que, tal vez, la estupidez está en la propia economía.
-¿Cómo describiría el coste ambiental a nivel mundial?
-Hace 20 años se ponía a los 'dragones del sudeste asiático' (Taiwán, Corea del Sur, Indonesia) como ejemplos de éxito. Lo que nadie dice es que esa región es ya la tercera receptora neta de petróleo. Si eso lo extrapolamos a otras regiones en desarrollo como África o Latinoamérica, ¿de dónde lo sacamos? Es algo completamente estúpido. Los organismos internacionales se gastan toneladas de papel en hacer informes promoviendo estos procesos y ni siquiera son capaces de ver el coste físico real.
-¿Y es compatible crecer al 3,5% del PIB, aspirar al G-8 de los más ricos y dejar de ser el mayor incumplidor del Protocolo de Kioto?
-Es pedir lo imposible y plantear objetivos económicos que son incompatibles con otros asumidos por el Gobierno. No se puede mantener ni en el espacio ni el tiempo, por muchas razones. Pero no se ve porque los economistas lo miden todo en términos monetarios. Lo que da la falsa idea de que no hay problemas ni límites para el crecimiento.