José Ramón Anuncibay estaba durmiendo a las 1.45 horas de ayer en su casa del octavo letra B del número 10 de la calle Mieses -dos pisos por debajo del de las fallecidas- cuando «empecé a oír explosiones y golpes muy fuertes y noté el olor a humo». Segundo después se asomó por la ventana del bañó y vio «llamaradas reflejadas en las cristales de enfrente que salían de la casa de la vecina del décimo». Acto seguido, avisó al 091 mientras continuaban «los bombazos, como de cristales o un televisor al reventar y escayolas al caer».
Un piso más arriba se repetía la misma situación en la casa de Evaristo Sarmiento, quien sintió «un estruendo tremendo, como si se viniera abajo el edificio». Sobresaltado, al igual que José Luis Anuncibay, llamó a los servicios de emergencia y ambos comenzaron a alertar a los vecinos.
«Parecía que se iba a caer la casa», insiste el inquilino del noveno, quien coincide en señalar que escuchó «numerosas explosiones», las mismas «estampidas» que oyeron los bomberos antes de acceder al piso donde perecieron Natividad y su hija María Eugenia y que atribuyen a los cristales y otros elementos que reventaron por el intenso calor.
Muy reservadas
Las víctimas compartían piso en propiedad desde hacía más de cinco años y la segunda tenía una invalidez permanente fruto de una enfermedad. Los vecinos aseguran que las dos eran muy reservadas, pero coinciden en señalar que nunca tuvieron problemas con ellas.
Natividad, de 71 años, tenía otra hija. María Eugenia, por su parte, estaba soltera.