 Las vecinas comentan lo ocurrido en el décimo piso del edificio del fondo. / GABRIEL VILLAMIL
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| CUATRO MUERTOS Y 34 INTOXICADOS EN TRES MESES |
9 de noviembre: Intoxicada una mujer de 84 años al arder una casa molinera en el Barrio Girón.
11 de noviembre: Doce intoxicados al explotar un televisor en un piso de la calle Calderón de la Barca.
19 de noviembre: Tres intoxicados por la mala combustión de una caldera en la calle Misericordia.
25 de noviembre: Herido un niño al inhalar monóxido por la mala combustión de una caldera en un piso del paseo de San Vicente.
27 de noviembre: Dos muertos, A. N. S. y su mujer C. G. S. J. -falleció en el hospital el 2 de enero-, por la mala combustión de su caldera en una casa de la calle Abrojo.
3 de diciembre: Tres intoxicados por inhalación de gas en una vivienda de la calle Doctor Fleming.
4 de diciembre: Una intoxicada leve al inhalar humo por la explosión de un televisor en Pedro Mazuecos.
5 de diciembre: Tres heridos, una de ellas muy grave, al arder un ático de madrugada en el número 135 del Paseo de Zorrilla.
14 de diciembre: Cinco intoxicados por una fuga de gas en Pajarillos y dos incendios en los barrios de San Juan y Parquesol en una tarde.
4 de enero: Ingresado un matrimonio por inhalación de gas en su casa de la calle Arribas.
10 de enero: Una madre y su hija, Natividad A. P. R., de 71 años, y María Eugenia A. P., de 43, mueren al declararse un incendio de madrugada en la habitación principal de su vivienda del número 10 de la calle Mieses, en Huerta del Rey.
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Intentaron refugiarse y huir del piso en medio de las llamas, pero la acumulación de humo acabó en unos minutos con sus vidas. Natividad, de 71 años, y su hija María Eugenia, de 43, dormían plácidamente en la madrugada de ayer en el dormitorio principal de su vivienda del décimo piso del número 10 de la calle Mieses, en Huerta del Rey, cuando un incendio fortuito se declaró en dicha estancia sin que las víctimas se percataran de lo que ocurría hasta que ya fue demasiado tarde.
Las víctimas compartían dormitorio en camas separadas y se despertaron, a buen seguro, casi a la vez que sus vecinos de los pisos inferiores cuando «empezaron a oirse fuertes explosiones y mucho estruendo a las dos menos cuarto de la madrugada», recuerda Evaristo, inquilino de la vivienda de abajo -el noveno B-. Fuentes de la investigación apuntaron ayer la hipótesis de que madre e hija se levantaron desorientadas en medio de las llamas y una intensa humareda e intentaron cobijarse cada una por su lado en medio de la «lógica confusión».
Los bomberos, que accedieron a la vivienda en torno a las 1.55 horas -el parque de Las Eras está a escasos cincuenta metros-, rescataron a la hija, aún con un halo de vida, tendida en el pasillo justo enfrente de la puerta de entrada, «como si hubiera intentado llegar a la salida», mientras que el cuerpo de la madre se halló en el interior del baño anexo a la habitación principal. La progenitora, Natividad A. P. R., cerró la puerta del lavabo y abrió el grifo del lavabo para intentar soportar el intenso calor procedente de las llamas, pero falleció antes de la llegada de los efectivos del Servicio de Extinción de Incendios como consecuencia de la inhalación del monóxido de carbono. La mayor de las fallecidas «hizo lo que tenía que hacer, es decir, buscar un lugar seguro donde meterse», pero no pudo evitar que el humo inundara el reducido baño.
Primeros auxilios
Su hija, María Eugenia A. P., recibió los primeros auxilios de los bomberos antes de que el 112 la bajara a la calle con unas mascarilla de oxígeno para intentar reanimarla. Los sanitarios llegaron incluso a trasladarla al Río Hortega, pero la víctima -una médico de atención primaria- murió antes de ingresar a causa de la inhalación del monóxido.
Los vecinos de los pisos colindantes al de las víctimas -el décimo letra B- aseguran que solo se despertaron por las explosiones de los cristales de las ventanas que dan a la calle y la caída de cascotes del techo, mientras que ninguno oyó que pidieran «auxilio o que gritaran al ver las llamas».
Fuentes de la investigación señalaron que lo más probable es que ni siquiera tuvieran tiempo de pedir ayuda, como confirma el hecho de que cuando los bomberos consiguieron franquear la puerta blindada de la casa -destrozaron el tabique con un gato hidráulico- se encontraron un incendio «en pleno apogeo» y las llamas arrasando el pasillo y la habitación del fondo donde dormían las dos fallecidas. «Las calorías que había allí dentro indican que el fuego llevaba mucho tiempo cuando entramos», señalaron fuentes del cuerpo de Bomberos.
«Lenguas de fuego»
Los efectivos del Servicio de Extinción de Incendios, que no desalojaron a los más de cien vecinos del bloque de doce alturas y 48 viviendas, desplazaron una escala y una autobomba para sofocar las llamas desde dentro y desde el exterior a través de la ventana. La presencia entre sus efectivos de dos residentes en el piso superior al del incendio -uno estaba de servicio y el otro ayudó a sus compañeros- «nos ayudó mucho», ya que el bombero que acompañaba a la dotación en ese momento explicó al detalle la distribución de la vivienda al ser idéntica a la suya de la B del undécimo piso.
Su información «nos ayudó mucho para marcarnos la ruta de entrada, porque entre las llamas y el humo era difícil orientarse». Una vez en el domicilio, los bomberos se abrieron camino por el pasillo, donde encontraron a María Eugenia, y siguieron hasta el dormitorio del fondo hasta entrar al lavabo y toparse con el cuerpo sin vida de su madre.
Los vecinos de los pisos inferiores al del siniestro huyeron escaleras abajo a la vez que los bomberos subían al décimo, mientras que los residentes en los pisos superiores permanecieron en sus casas por orden de los Servicios de Extinción. Cuando llegaron a la calle, los testigos vieron «lenguas de fuego de más de tres metros saliendo por la ventana de la habitación principal y restos de cristales en el patio», relata un inquilino de la cuarta planta.
Diez minutos después de la entrada de los bomberos al décimo B, sus efectivos daban por controlado el incendio y comenzaban las labores de ventilación y desescombro de la casa, que se prolongaron hasta pasadas las 3.00 horas.
Origen no eléctrico
Ya por la mañana, cuatro miembros de la Policía Científica acudieron a la vivienda para investigar el origen del incendio. Los agentes descartan cualquier posible intencionalidad y atribuyen el inicio del fuego a «causas fortuitas», entre las que excluyen un origen eléctrico, por lo que todo apunta a que pudo deberse a una vela o a una colilla mal pagada, confirmaron fuentes del caso.
Madre e hija recibirán sepultura a las 12.30 horas de hoy en el cementerio de Las Contiendas después de la celebración del funeral en el tanatorio El Salvador.