Teherán señala que la congelación desde hace más de dos años de su programa de enriquecimiento de uranio era una medida voluntaria y que su reinicio es legal. Sin embargo, el cumplimiento del llamado Acuerdo de París del 2004, según el cual Irán suspendió el enriquecimiento de uranio a cambio de negociaciones sobre incentivos comerciales y nucleares, era la condición de la UE para no denunciar a Irán ante el Consejo de Seguridad de la ONU.
La Junta de Gobernadores del OIEA constató en una resolución adoptada en septiembre del 2005 que Irán incumplió en el pasado sus obligaciones de salvaguarda de controles nucleares. Sin embargo, la Junta aplazó una posible denuncia para darle más tiempo a las iniciativas diplomáticas realizadas por la UE y por Rusia, que propone producir uranio enriquecido en su territorio mediante una sociedad compartida con Irán.
Con los pasos tomados ayer, Irán podría incluso haber irritado a Rusia y China, dos potencias que han apoyado a Teherán hasta ahora. Ambos países habían instado a Irán en las últimas semanas a volver a la mesa de negociaciones y a no retomar su polémico programa de enriquecimiento de uranio.
Irán insiste en su derecho como firmante del Tratado de No Proliferación de enriquecer uranio y producir combustible nuclear para sus plantas energéticas, mientras que EE. UU. y la UE sospechan que las intenciones verdaderas de Teherán son hacerse con bombas nucleares.
En el mundo hay solo ocho países que producen uranio enriquecido a nivel comercial: EE. UU., Rusia, China, Holanda, el Reino Unido, Alemania, Francia, Brasil y Japón. Para que la producción de combustible nuclear mediante uranio enriquecido tenga sentido comercial, Irán debería tener al menos una decena de plantas atómicas. Sin embargo, tiene apenas en construcción una planta de energía nuclear en Busher, en el sur de país, con la ayuda de Rusia.