La primera semana de aplicación de la llamada ley antitabaco ha traído consigo efectos colaterales que traen de cabeza a los servicios de limpieza. Las calles se han convertido en un gigantesco cenicero, con más colillas de las habituales y focos permanentes a la entrada de los centros de trabajo en los que está prohibido fumar y de los edificios libres de humo, como las estaciones o las dependencias municipales. El Ayuntamiento de Valladolid -como ya han hecho otros Consistorios a lo largo de esta semana (Valencia, Castellón o Palma de Mallorca)- anunció ayer que colocará ceniceros a las puertas de las instalaciones municipales con el fin de acabar con los corros de cigarrillos ya consumidos.