LA fiesta de Epifanía, manifestación del Salvador a los pueblos extranjeros representados en los Reyes Magos, es la primera llamada de atención al comienzo del año sobre la urgencia misionera., con la Campaña Misionera del día 6 de Enero. El dinamismo misionero de una comunidad parroquial o diocesana es el mejor termómetro de la vitalidad de su vida cristiana.
Ya se venía celebrando en este día la colecta misionera. Pero fue en junio de 1957, cuando la Conferencia de Metropolitanos Españoles acordó celebrar en ese día el Día Anual del Seminario Nacional de Misiones. Y el 30 de abril de 1958 la Congregación para la Evangelización de los Pueblos encargaba al Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME) la organización de la colecta pontificia del 6 de enero que se orienta a los catequistas nativos de territorios de misiones.
Este año, en el que nos preparamos para la celebración del quinto centenario del nacimiento de uno de los patrones de las misiones, San Francisco Javier, el lema de la campaña de Epifanía es: 'Misión de Javier, misión tuya, misión de Dios'. Efectivamente, es Dios el que desea hacer resonar el mensaje del Evangelio en toda la tierra. Es su misión. Y para ella ha constituido un nuevo pueblo, la Iglesia. Ella es un instrumento al servicio de esa misión. Ella existe para evangelizar.
En este contexto, hoy traemos a nuestro recuerdo a los catequistas nativos y los misioneros de nuestra diócesis que trabajan anunciando la Buena Nueva. Como los Magos ellos se pusieron en camino, salidos de nuestras comunidades parroquiales, para descubrir la presencia del Mesías en aquellos lugares donde aún no se le conoce y poder mostrarlo a toda la humanidad. Su trabajo les llena de alegría y les hace testigos del Dios que está presente en todas las culturas y rincones del mundo. Su presencia son verdaderos presentes para las Iglesias que los reciben y saben que no van a ellas porque sobren en sus diócesis sino porque la verdadera solidaridad entre las Iglesias se da al compartir incluso de lo que nos hace falta. Tanto los catequistas nativos como los misioneros son eslabones esenciales para que la luz del Mesías brille en todas las naciones.
Los laicos
Las Iglesias jóvenes de África, América o Asia van creciendo lentamente constituyéndose como comunidades donde los ministerios laicales tienen un peso muy fuerte. La falta de ministros ordenados en estas comunidades acentúa la idea de que la Iglesia es comunión. La participación activa de numerosos laicos hace posible que florezcan el catecumenado y la comunidad cristiana entorno a la mesa de la Palabra y la caridad fraterna. La formación bíblica, litúrgica y espiritual de estos responsables laicos de la comunidad es una de las tareas más importantes de todo misionero.
Los protagonistas de la misión no solo son los misioneros sino toda la comunidad cristiana. Sin su respaldo y apoyo la tarea de los misioneros se convertiría en hazañas aisladas. La fe se fortalece compartiéndola con otros atentos a la estrella que el Mesías hace brillar en la vida de cada uno y que siempre nos invita a cruzar fronteras.
En esta jornada misionera quedas invitado a entrar en ese proyecto como Javier: «Mi voluntad es de misionar toda la tierra...». Él se entusiasmó y entró. Y nunca se arrepintió. ¿Tú?