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Merkel exige a Bush que cierre la cárcel de Guantánamo
La canciller alemana afirma que la relación con EE. UU. «no se reducirá a hablar de Irak y de terrorismo»
La canciller alemana Angela Merkel, ayer durante una rueda de prensa. / ALEX GRIM-REUTERS
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La canciller alemana, Angela Merkel, que lleva poco más de un mes en el poder, ya se ha convertido en una respetada líder en el seno de la Unión Europea y ahora, en vísperas de su primera visita como jefa del Gobierno alemán a Washington, desea obtener algo casi imposible: el cierre de la famosa cárcel de Guantánamo,

«Una institución como Guantánamo, a la larga, no debe ni puede seguir existiendo», dijo Merkel en una entrevista que publica la revista 'Der Spiegel', al referirse a uno de las temas que tratará con su anfitrión, el presidente George W. Bush. «Es necesario buscar nuevos caminos y medios para el tratamiento de los presos», añadió la canciller.

Durante la campaña electoral y después de convertirse en la primera mujer canciller de Alemania, Merkel dejó saber que una de sus prioridades como canciller sería restablecer las relaciones con EE. UU., que quedaron seriamente dañadas a causa del rechazo que expresó Gerhard Schröder a los planes militares de Washington para invadir Irak. Pero sus declaraciones a 'Der Spiegel', donde también se refiere a las relaciones de su país con Moscú y con la Unión Europea, sugieren que la canciller esta preparada para hablar sobre temas donde existen diferencias de fondo.

Cambio de estilo

Alemania, por ejemplo, nunca ha ocultado su escepticismo sobre la forma en que Estados Unidos lleva a cabo su lucha contra el terror fundamentalista y tampoco se calló a la hora de denunciar las actividades secretas de la CIA y el traslado clandestino de presos, como fue el caso del ciudadano alemán de origen libanés, Khaled el-Masri.

La existencia de la cárcel de Guantánamo donde Estados Unidos aun mantiene incomunicados a unas 500 personas sospechosas de pertenecer a la organización terrorista Al Qaida ha sido criticada por todas las organizaciones de defensa de los derechos humanos del planeta, pero ningún jefe de estado o de gobierno, con la excepción de Fidel Castro, había exigido a Washington el cierre de la cárcel.

Angela Merkel parece decidida a cambiar el estilo. Ya lo hizo cuando la secretaria de estado, Condoleezza Rice, visitó Berlín a comienzos de diciembre del año pasado. En esa ocasión censuró las prácticas ilegales de la CIA y exigió a Rice que se pronunciara sobre el secuestro de el-Masri.

En la entrevista, Merkel admite que espera hablar con el presidente Bush sobre la lucha contra el terrorismo. «Pero quiero acentuar que nuestra relación amistosa con Estados Unidos no quedará recudida a hablar solo de la lucha contra el terrorismo y la guerra en Irak», dice la canciller.

Cuando era jefa de la oposición levantó mucha controversia en Alemania al viajar en febrero del 2003 a Washington para distanciarse de la posición anti-guerra de Irak del gobierno del entonces canciller Schröder. En esa visita, Merkel insistió en que Schröder no hablaba en nombre de todos los alemanes, violando una regla de oro no escrita de la cultura política alemana: no criticar la política exterior del gobierno en el extranjero.



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