Desde hace meses el gobierno de EE. UU. ha mantenido conversaciones ultrasecretas con líderes de la insurgencia iraquí que discrepan con la infiltración de Al Qaida en su país, un punto en común con sus invasores.
El diario 'The New York Times' ha confirmado la existencia de estas conversaciones a través de tres fuentes, pero la que más información le ha dado es un diplomático occidental cuyo país de origen no revela. Según el periódico, el principal obstáculo para los estadounidenses es localizar a los líderes de la insurgencia, que a falta de una cabeza visible se compone de numerosas células inconexas.
De su estado iraquí libre de invasores extranjeros, al califato islámico que busca Al Qaida hay una gran distancia. Esa es la brecha que quieren explotar los negociadores estadounidenses. «Nosotros somos iraquíes, y Al Qaida viene de fuera de nuestras fronteras. Ellos difaman el nombre de la noble resistencia que hay dentro de Irak», dijo al rotativo neoyorquino un hombre que se identificó como Abu Omar.
El sangriento reguero de víctimas iraquíes que dejan los atentados suicidas de Al Qaida es una de las razones de su distanciamiento con la insurgencia nativa. Sólo en los dos últimos días estos ataques han costado la vida a 180 iraquíes, muchos de ellos mujeres y niños. La rama de Al Qaida en Irak está dirigida por el jordano Abu Musab al-Zarqawi. A este grupo se le culpa de la mayoría de los atentados suicidas.
Además de semejante baño de sangre gratuito, la alta participación de suníes en las pasadas elecciones, cuyos resultados aún están en el aire, ha abierto las puertas de las negociaciones que se llevan a cabo «dentro y fuera de Irak», dijo la fuente del rotativo.
«Si lográramos que la resistencia y la coalición gubernamental se entendieran, ellos mismos se encargarían de Zarqawi y de los terroristas», declaró un diplomático occidental.