India ha reavivado sus planes para tener una reserva estratégica de petróleo, algo que también prevén China y Rusia, pero en los Estados Unidos se cuestiona si es útil que el Gobierno almacene grandes cantidades de crudo. Jerry Taylor y Peter Van Doren, expertos en asuntos de energía del Instituto Cato, cuestionaron esta semana desde las páginas de 'The New York Times' la utilidad, no sólo de ampliar los fondos de la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR), sino también su propia existencia.
«En lugar de incrementar el almacenamiento (de crudo), la reserva debería ser vaciada y cerrada», sugerían estos expertos, autores de un detallado estudio en el que argumentaban esa postura. Taylor y Van Doren recordaron que, después de los daños que los huracanes 'Katrina' y 'Rita' causaron a la industria energética de este país y que hicieron subir mucho los precios del crudo y de los combustibles el pasado año, numerosos congresistas reclamaron almacenar más petróleo y combustibles.
Sostienen, sin embargo, que las reservas dependientes del Gobierno han costado a los contribuyentes hasta 51.000 millones de dólares, después de ajustada la inflación, desde que se creó la SPR en 1975. Si se divide esa suma por la cantidad de petróleo en reserva, el coste a finales del 2003 es de unos 80 dólares por barril, muy por encima del precio de mercado.
Los fondos de petróleo en la Reserva ascendían en la pasada semana a 684,6 millones de barriles, tras alcanzar en los meses anteriores a los huracanes los 700 millones, como había estipulado el Ejecutivo. El Congreso ha autorizado elevar esos fondos hasta los 1.000 millones de barriles.
Antecedentes
El Gobierno estadounidense liberó 21 millones de barriles de crudo en los inicios de la Guerra del Golfo, en 1991; otros 30 millones de barriles en septiembre del 2000 y 24 millones de barriles tras el envite de 'Katrina', en agosto pasado.
«Esos liberaciones fueron tan pequeñas considerando el tamaño de la reserva que uno se pregunta por qué los políticos están tan preocupados por tener mil millones de barriles», sostienen Taylor y Van Doren. El argumento de que es necesario mantener una amplia reserva de petróleo para hacer frente a un posible embargo, como el que padeció este país en 1973, tampoco les convence, puesto que la globalización de los mercados petroleros «garantiza que EE. UU. siempre tendrá acceso al crudo del Golfo Pérsico, les guste o no a los miembros de la OPEP».
Un escenario diferente se plantearía si ocurre una alteración «catastrófica» de suministros y ponen como ejemplo una supuesta toma del poder en Arabia Saudí por la red terrorista Al Qaida. «Ninguna reserva oficial sería nunca suficientemente amplia como para hacer frente a una interrupción de esa magnitud», aseguran.
Reconocen que es «muy improbable» que algún país vaya a cortar de forma drástica su producción petrolera, incluso los más opuestos a la política de EE. UU., porque necesitan tanto los ingresos del crudo como los consumidores la propia materia prima.