El Promesas y el Athletic B disputaron uno de esos encuentros de los que disfrutan los entrenadores obsesionados con la táctica y que hacen bostezar a los aficionados en las gradas. Los dos equipos, muy bien colocados en el campo, aunque más interesados en defender que en atacar, se dedicaron a presionar mucho a su rival y a mimar poco el balón.
Sorprendió sobre todo que el Real Valladolid B entrara con tanta facilidad en el juego de los bilbaínos. Los de Merino se caracterizan por tocar con criterio en el centro del campo y por usar las bandas. Ayer, ni lo uno ni lo otro. El equipo rojiblanco ahogó a Jesús y a Rivas, que decidieron utilizar el camino más fácil: los balones largos. Ortiz se desesperaba en punta, no le llegaban balones en condiciones, y los blanquivioletas no creaban peligro. Baste decir que el primer disparo a puerta lo hizo Rivas en el minuto 55.
Poco después el Real Valladolid hizo la mejor jugada del partido cuando entre Borja, Asier y Ortiz triangularon de una forma eléctrica para desconcertar a la zaga rojiblanca. El balón acabó en córner, que aprovechó Borja para marcar el gol vallisoletano ante las dudas en la salida de Glealde. Los visitantes reaccionaron pronto al tanto local. Garmedia se plantó solo ante Jacobo, picó la pelota y Cuerda despejó bajo palos. El árbitro señaló el punto de penalti porque entendió que Jacobo había arrollado al delantero. Eso sí, esperó a que el defensa despejara y en las penas máximas no se puede conceder la ley de la ventaja. Penalti dudoso, pero resultado justo.