-¿Qué le llevó a Nueva York?
-La casualidad. Tuve la oportunidad de hacer el doctorado gracias a la beca que me ofreció un decano hijo de republicanos. Luego me ofrecieron trabajo en un prestigioso 'college' y soy realmente feliz en una de las ciudades más especiales del mundo.
-¿Ha cambiado mucho Estados Unidos en estos últimos años?
-Sí. La herida del 11-S sigue abierta y ha hecho surgir dos Áméricas. Nueva York es una ciudad muy liberal y que responde a la tradición de la verdadera fe en la democracia que representa Walt Withman, pero el miedo y el terror lo dominan todo. El deseo de renunciar a ciertas libertades y que ganara un personaje tan siniestro como George Bush ha cambiado al país. Hay una tristeza enorme ante la que no han sabido reaccionar los escritores americanos. Nueva York es una ciudad herida, en un país enfermo, con una sociedad más autoritaria y una democracia a medio gas, con cosas como las escuchas y otras cosas que no sabemos. Me quedaré siempre con la América de Withman.