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Miércoles, 4 de enero de 2006
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Juegos solidarios, todos ganan
Innumerables iniciativas ofrecen juegos y juguetes educativos y cooperativos para promover valores sociales, ambientales y culturales
Diego juega con 'Mi mundo en palabras', que cuenta con el aval del Instituto Cervantes. / GABRIEL VILLAMIL
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Con la solidaridad no se juega, pero niñas y niños pueden aprender a ser solidarios a través del juego y los juguetes. La oportunidad ideal la ofrece este período de Navidad-Reyes, en el que la abrumadora corriente de consumismo juguetero tiene su contrapunto en las innumerables iniciativas que cimentan el entretenimiento infantil en materiales educativos y cooperativos para promover valores sociales, ambientales y culturales.

Los juegos solidarios son los únicos en los que todo el mundo gana, empezando por los niños, jugadores que reciben de inmediato su recompensa de diversión, y terminando por los futuros beneficiarios de ese espíritu de voluntariado y ayuda a los demás alimentado desde el ocio infantil. Pero, en realidad, ganar en el juego propiamente dicho es secundario. También se puede aprender solidaridad perdiendo, porque lo importante, como buscan los llamados 'juegos cooperativos', es participar todos y asumir un reto común para «ganar o perder, pero todos juntos».

Fiebre compradora

Como recalca su inspirador canadiense Terry Orlick, se trata de «jugar con otros, no contra otros; de superar desafíos, no de superar a otros». Una filosofía que la oenegé InteRed ha traducido en su sede donostiarra en el Centro de Recursos en Juegos Cooperativos Kometa, donde los vende -no están en el mercado, los presta- para demostrar que la fiebre compradora es innecesaria y para favorecer que se cuiden los materiales cedidos , y donde convierte juegos tradicionales, como el de la silla, en otros de tipo cooperativo que no eliminan personas, sino asientos, lo que obliga a los participantes a compartir el espacio menguante para acomodarse todos.

Donde caben todos, como subraya el proyecto educativo navarro Ekilikua, es en nuestra sociedad. Su herramienta, bautizada como '¿Quién vive aquí? El gran juego de la diversidad', es un maletín que combina lo lúdico y lo formativo para «divertir y abrir las puertas de la tolerancia». Sus doce juegos, que permiten la participación individual o grupal y tienen diferentes niveles para niños de 3 a 12 años, pretenden ser un «punto de partida para trabajar temas como nuevos modelos de familia, interculturalidad, discapacidad, roles, integración...».

Para hacer realidad la integración desde el ámbito más cercano, el barrio, la Asociación de Vecinos Valle-Inclán ha ideado una auténtica vuelta al mundo en 80 juegos en la populosa barriada madrileña de Prosperidad. Sus protagonistas son niños de 5 a 12 años, la mayoría inmigrantes, cuyas dificultades de adaptación y socialización encuentran una vía de mejora en el intercambio de sus experiencias de diversión infantil. La filosofía del taller, que se prolonga durante todo el curso escolar, es que cada participante aporte los juegos de su país y los enseñe a los demás para así «recorrer el mundo». Además, se acude a las personas mayores de la vecindad para 'recuperar' los juegos de su niñez.

Puestos a recuperar el mejor sentido de juegos y juguetes, no podían faltar las grandes oenegés ni los organismos internacionales. Unicef aboga en Ozonalia por el consumo responsable tras alertar del riesgo de explotación laboral -a veces infantil- en la fabricación industrial de juguetes en el mundo pobre. Save the Children ofrece el multimedia 'El mundo de Dina' para que chavales de 7 a 13 años entiendan la Convención sobre Derechos del Niño.

En inglés

Greenpeace dispone de muchos juegos en inglés para sensibilizar frente a vertidos radiactivos, armas de destrucción masiva -un solitario nuclear en el que «nadie gana»-, transporte inseguro de tóxicos, caza de ballenas o cambio climático. Social Watch tiene un juego de mesa para 'vigilar' los compromisos incumplidos sobre Derechos Humanos y Objetivos del Milenio. Y el Programa Mundial de Alimentos de la ONU arrasa (diez millones de visitas y dos millones de descargas en seis meses) con su videojuego humanitario 'Food Force', que espera traducirse pronto al español.

Pero la oferta en castellano de juegos solidarios y educativos es enorme. Ni siquiera falta uno específico para aprender léxico y mejorar el dominio de la lengua, 'Mi mundo en palabras', que cuenta con el aval del Instituto Cervantes. Tampoco el IV Centenario de 'El Quijote' ha dejado de asomarse al mundo recreativo infantil, y no solo en clave literaria; como complemento social a su Biblioteca de las Tres Mellizas, Cromosoma ha creado una 'Gincana del civismo'. Y si se quieren encontrar muchas opciones en un solo lugar, se puede acudir a Edualter, red de recursos -incluidos juegos- en educación para la paz, el desarrollo y la interculturalidad, y a Educalia, web de la Fundación La Caixa que ofrece 'Juegos de amigos capaces' con ceguera, sordera o inmovilidad o una 'Cadena solidaria' por los derechos humanos y la no violencia, entre otros.



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