«Estoy vivo de milagro»

Daniel Mauricio Noreña, con el brazo en cabestrillo y la cabeza vendada, durante la entrevista. / Antonio Quintero

La primera experiencia de alta montaña de este camarero acabó con una caída que le dejó inconsciente a tres metros de un precipicio

MARCO ALONSOPalencia

«Me caí y me quedé a solo tres metros de un precipicio. Se puede decir que estoy vivo de milagro». De esta forma tan cruda relataba ayer Daniel Mauricio Noreña, Mauro para los amigos, su primera experiencia en la alta montaña, una excursión que comenzó con su amigo Ángel en el Curavacas y que acabó en el Hospital Río Carrión.

Ángel ya había subido al Curavacas en una ocasión, pero en su primer intento se quedó a medio ascenso, y quería resarcirse de esa subida frustrada. Ángel y Mauro son amigos desde hace nueve años y quedaron el jueves para compartir un día de montaña. Ángel pretendía quitarse esa espinita que le dejó clavada esta montaña de 2.520 metros y Mauro, subir por primera vez uno de los hermosos picos de la Montaña Palentina.

La subida fue según lo previsto. Los dos amigos fueron siguiendo uno a uno los hitos marcados y pararon en varias ocasiones para hidratarse, como mandan los cánones. Llegar a la cumbre no fue complicado y el selfi de rigor en la famosa cruz de la cima quedó perfecto. Eran las 12:45 horas y parecía que el bautismo montañero de Mauro sería de esos que dejan el móvil lleno de recuerdos felices, pero todo se torció en la bajada. «Hacía mucho frio y empezamos a bajar. Buscamos el sendero por el que habíamos subido, pero todo era tan parecido que nos desorientamos y empezamos a descender por una franja que no nos sonaba de nada. Intentamos volver a la senda, pero nos perdimos y pasé por dos o tres caídas mientras pensaba que ya encontraría una explanada para descender tranquilamente», recuerda Mauro, pero ese llano que buscaba no llegaba y lo que acabó encontrando fue una interminable serie de resbalones que le hicieron irse al suelo hasta en dos ocasiones.

Mauro y Ángel, en la cima del Curavacas, media hora antes del suceso.
Mauro y Ángel, en la cima del Curavacas, media hora antes del suceso.

Las dos primeras caídas hicieron que este joven camarero de 24 años se llenase las manos de cortes, pero no había tiempo para lamentaciones. Mauro solo pensaba en esa explanada y continuó un peligrosísimo descenso mientras su compañero se encontraba a varios metros de distancia. La peligrosidad aumentaba a cada metro y pronto llegó la tercera caída, que acabó con este montañero primerizo inconsciente, con la muñeca izquierda fracturada, una profunda brecha en la cabeza y un punzante dolor en la cadera que resultó ser una laceración. «Me resbalé, me golpeé la cabeza y cuando me desperté empecé a vocear a mi amigo, que consiguió escucharme con el eco», relata Mauro.

Ángel no llegó a ver cómo caía su amigo, pero sí oyó algo extraño. «Empecé a escuchar piedras y pensé que había podido pasar algo. Entonces empecé a escuchar su voz y solo oía ‘Ángel, Ángel’. Bajé todavía más, empezamos a escucharnos mejor y le pregunté que si necesitaba ayuda y me dijo que sí. Entonces llamé al 112, pero yo les escuchaba y ellos a mí, no. No tenía cobertura», relata Ángel, que no podía acercarse para auxiliar a su amigo porque tenía el riesgo de correr su misma suerte. «Quería estar con él, pero si bajo, me hubiera caído o le hubiera tirado piedras encima», agrega Ángel que subió unos metros hasta que encontró cobertura y pudo alertar al servicio de emergencias de lo que había sucedido.

Un helicóptero de rescate se desplazó al punto exacto del incidente y lo que pudo acabar en tragedia quedó en un enorme susto. «Cuando llegaron, me tomaron la temperatura y tenía 33 grados», recuerda Mauro, al que rápidamente sacaron de la zona para derivarlo al Hospital Río Carrión. Posteriormente, Ángel fue rescatado y lo que pudo convertirse en tragedia quedó en un enorme susto para estos dos neófitos que se lo pensarán muy bien antes de subir a la montaña, a la que aseguran que volverán.

La sangre fría de Ángel, que pensó antes de actuar, permitió que este rescate acabase con final feliz, y solo hay que escuchar a Mauro para corroborarlo. «Hasta que me dieron el alta, ha estado ahí conmigo. Ángel, eres mi ángel», afirma Mauro, que comparte amistad con ‘su ángel’ gracias al deporte, y es que se conocieron jugando al fútbol, mientras uno estaba en las filas del Cascón y el otro, en las del Villalobón.

Imagen del lugar del suceso tomada desde el helicóptero. Señalado con un círculo rojo, el herido.
Imagen del lugar del suceso tomada desde el helicóptero. Señalado con un círculo rojo, el herido.

Solo mirar la imagen de arriba y ver ese circulito rojo que indica dónde acabó Mauro tras su tercera caída provoca vértigo, tanto que un no creyente como este montañero novato habla de «un milagro» cuando explica lo sucedido. Ahora, este camarero de la Cervecería Plaza Mayor de Palencia espera otro milagro. «He dicho a la doctora que tengo que estar curado antes del 11 de noviembre, que me voy de vacaciones a Punta Cana», asegura con sorna, aunque protagonizar dos intervenciones divinas en menos de un mes parece complicado. Tal vez Punta Cana tenga que esperar, pero este vecino de Villalobón tiene motivos más que de sobra para sentirse afortunado.

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