Visto para sentencia el juicio contra un hostelero de Palencia acusado de abusos sexuales

Entrada al Juzgado Penal de Palencia. / Antonio Quintero

El fiscal elevó a definitiva su petición de 4,5 de cárcel para el hombre por los presuntos delitos cometidos contra una camarera y una cocinera

Ricardo Sánchez Rico
RICARDO SÁNCHEZ RICO

La titular del Juzgado de lo Penal de Palencia dejó ayer visto para sentencia el juicio contra T. D. P., el hostelero de la capital palentina para quien la Fiscalía solicita una condena de cuatro años y medio de prisión por dos presuntos delitos de abuso sexual y una multa de 5.040 euros por dos presuntos delitos de acoso sexual, cometidos supuestamente sobre dos empleadas del establecimiento entre 2014 y 2015. El acusado, que el pasado 29 de junio negó los hechos de que se le acusan en la primera sesión de la vista oral en el Juzgado de lo Penal de Palencia, compareció de nuevo ayer en una segunda sesión tras la que el fiscal, al igual que las acusaciones particulares y la defensa, elevó a definitivas las conclusiones de su escrito provisional.

Cinco testigos, dos de ellos a través de videoconferencia, la doctora que trató a las dos víctimas de sus trastornos de ansiedad y estrés postraumático y el forense declararon en la segunda sesión del juicio, al término del cual el acusado insistió en que «no he hecho nada de lo que se me acusa, no es mi forma de ser».

En su declaración en la primera sesión, T. D. P. insistió en que en ningún momento tuvo un trato íntimo con la camarera S. B. O., que no la cogió por los glúteos en una ocasión y la empujó contra la pared simulando una penetración, así como tampoco le quitó harina de su trasero con un trapo ni metió su mano en el mandil para tocar sus genitales con la excusa de buscar un bolígrafo. T. D. P. afirmó que entraba en el despacho con la presunta víctima para pagarle las horas extras, como con cualquier otro trabajador, y que nunca en esas ocasiones la puso sus piernas encima de las de ella ni la intentó besar.

T. D. P. señaló que S. B. O. pidió la baja voluntaria en agosto de 2015 y que la liquidación fue «cero» porque «había pedido muchos adelantos», y que cree que le ha denunciado porque «se fue a la Fasa y la despidieron a los quince días y volvió a pedirme trabajo pero tenía la plantilla completa».

Con respecto a I. H. M., el acusado insistió en que no tuvo ningún contacto físico con ella, que no la agarró en una ocasión por la cintura y la sentó en una cámara, besándola, que en su despacho no introdujo su mano por su camiseta ni la tocó las piernas ni la besó en el cuello y la boca. Con respecto a su embarazo, T. D. P. aseguró conocer quién era el padre de su hijo, un novio que I. H. M. tenía, y que «me han querido cargar ese muerto». Explicó que supo que abortó por Whatsapp y que fue despedida «después de un verano mintiendo y faltando al trabajo, estando de baja la veían de noche de fiesta». El acusado, a preguntas de la acusación particular, agregó que I. H. M. volvió a cenar al restaurante después de ser despedida y que S. B. O., en el desfile de peñas de San Antolín de 2015, «se acercó a hablar conmigo vestida de peña».

Requerido por el Ministerio Público, T. D. P. negó también que alardease de todas las relaciones que había tenido con empleadas del local y que su fantasía era tener sexo con todas las trabajadoras.

Por su parte, S. B. O. aseguró que el acusado sí la cogió por sus glúteos y simuló que la penetraba, que en su despacho la cogió las piernas y puso encima las suyas, y que le dijo «¡qué ganas tengo, qué ganas tengo!, que nadie se va a enterar», al tiempo que apuntó que T. D. P le sacudió la harina del trasero con un trapo y que la miraba «con deseo» en los almacenes del establecimiento. «Se lo dije a mi madre y a mi pareja cuando ya no pude más, aguanté porque tenía gastos», agregó.

La cocinera I. H. M., por su parte, aseguró por su parte que cuando el acusado le llamó en una ocasión al despacho para pagar las horas extras «me sentó en el sofá y me metió la mano por el costado, tocándome el pecho y besándome». «A partir de ahí, insistió mucho más en besarme y tocarme, en llamarme al despacho. Cedí a finales de junio de 2015, tuve un encuentro sexual en el despacho y me quedé embarazada, y aborté porque si no me echaba», apostilló.

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