UNA TECNOLOGÍA ENEMIGA DE LA CONTAMINACIÓN

Los nuevos avances mecánicos y tecnológicos ayudan a consumir eficientemente los recursos

Rodrigo Gil junto al tractor equipado con el ordenador de piloto automático. /A. QUINTERO
Rodrigo Gil junto al tractor equipado con el ordenador de piloto automático. / A. QUINTERO
PABLO M. PUENTEPalencia

«La introducción de la tecnología en la agricultura no se mide necesariamente en términos de producción, más bien mejora la eficiencia» señala Rodrigo Gil, agricultor de la localidad de Dueñas que utiliza las nuevas tecnologías en las labores agrícolas. Gil es licenciado en ingeniería agrónoma y es también hijo y nieto de agricultores. Trabaja sus tierras con un tractor que dispone de piloto autónomo. Esto no quiere decir que el tractor se maneje solo, ya que el agricultor debe ir siempre montado, pero mejora la realización de los trabajos.

El tractor cuenta con un ordenador que hace un registro de las parcelas y todos los aperos con los que se va a trabajar y sus dimensiones. También realiza un registro de los consumos de gasóleo y permite realizar diferentes configuraciones para el sistema hidráulico y dejarlo programado en función de las necesidades. Lo más llamativo es la conducción autónoma. Funciona estableciendo una linea recta en la tierra con el GPS, y a partir de ahí el ordenador divide la tierra con resto de líneas que necesita para terminar. A partir de ese momento se puede poner para que siga la linea de forma autónoma, aunque el giro para que vuelva a coger la siguiente línea hay que hacerlo manualmente. El ordenador también cuenta con un mando desde donde se controla todo; velocidad, aceleración, dirección, por lo que libera al agricultor del uso de los pedales.

«Puede parecer una herramienta poco llamativa, pero en verdad es que, en materia agrícola, es la tecnología más puntera de las que se dispone. Este tractor podría decirse que es como el Ferrari de los tractores», explica Rodrigo Gil.

Gil también cuenta con una máquina de siembra que fue diseñada para la zona del Cerrato, que tiene la posibilidad de realizar siembra directa y tradicional. «Todo esta informatizado y se controla mediante un ordenador que incorporas en el tractor. Básicamente lo que hace es ahorrar costes y, lo que es más importante, mejorar el cuidado del medio ambiente».

Con respecto a la protección ntaural, este joven agricultor reconoce que se produce una cierta contaminación, «pero no más que otras industrias a las que no se las hace tanto caso», indica, al tiempo que explica que «el agricultor es el primero que se preocupa del medio ambiente, porque al final es su segunda casa. Todo lo que se está mejorando en tecnología del campo reduce contaminación».

Gil considera también que el ámbito en el que más se va a notar la introducción de nuevas tecnologías es en el regadío. «Ahora se informatizan los sistemas de riego y se crean medidas para que funcionen de manera más eficiente».

Dificultades

Para Rodrigo Gil, el siguiente paso es la introducción de la domótica, pero de momento queda lejos por el hecho de que es una tecnología muy cara y a la que no se le va sacar rentabilidad. «El sector agrario no está preparado para adoptar las tecnologías pero poco a poco se esta preparando. Los avances tecnológicos van más rápidos que los avances en materia de gestión de la tierra. El sistema informático del tractor pide para funcionar más de 15 hectáreas como mínimo, algo que en la zona es complicado para muchos agricultores que disponen de sus tierras de forma fragmentada y dispersa. La tecnología está pensada para una agricultura ‘a la americana’, tierras rectangulares y lindes muy claras», recalca.

Pero la modernización del campo entraña otras dificultades, ya que es necesario el acuerdo de agricultores, administraciones, propietarios... «Para hacer una concentración parcelaria, por ejemplo, o una balsa de riego como han hecho en Soto tienen que colaborar todos», explica Gil. Los trámites burocráticos son numerosos y en muchos de los casos aunque el agricultor entiende la necesidad de las medidas, los propietarios de las tierras, que no las cultivan directamente rechazan las inversiones. «No depende tanto del agricultor o solo del sector agrícola. Aquí, en Dueñas, la última concentración parcelaria se habrá hecho hace 40 años, y hace falta una con urgencia. La concentración ayuda a ahorrar gastos. Es más aburrido a la hora de trabajar pero en lo técnico es mejor» explica Rodrigo Gil.

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