Ya solo queda Santa Bárbara en la mina

La minería celebra hoy el día de su patrona con el sector en su peor momento tras el cierre de la Térmica de Velilla

Dos mineros en el Pozo de las Cuevas de Uminsa, en Velilla del Río Carrión. /EL NORTE
Dos mineros en el Pozo de las Cuevas de Uminsa, en Velilla del Río Carrión. / EL NORTE
Marco Alonso
MARCO ALONSOPalencia

La minería fue una enorme fuente de riqueza en la Montaña Palentina hace solo unos años. En el norte estuvieron instaladas 14 empresas mineras que daban de comer a unas 1.700 familias, pero lo que fue industria pujante se ha convertido en un recuerdo en tan solo 27 años. Nada queda de aquella enorme fuente de riqueza que fue la minería, y por la montaña ya no suenan los himnos mineros que antaño fueron célebres, como ese que se acordaba de la patrona, Santa Bárbara, para decir aquello de «traigo la cabeza rota, que me la rompió un barreno».

La mayoría de los jóvenes de la zona ni siquiera saben lo que es un barreno, y ya nadie canta a Santa Bárbara, por mucho que mañana se celebre su festividad. Aún así, son cientos los habitantes del norte de la provincia que tienen la mina muy presente y que van a vivir el día de su patrona con un amargor más acusado que el de los últimos años, tras el anuncio del cierre de la Térmica de Velilla.

Uno de esos mineros que tiene aún la mina en el pensamiento es Luis Villacorta, que trabajó en el pozo Sestil del Monte Corcos, donde vivió una infinidad de experiencias que no logra olvidar, como la de el día que una piedra le partió un tobillo cuando trataba de ayudar a un compañero. No obstante, apunta que no todo lo que guarda en la memoria es negativo, pese a las condiciones en las que tenía que trabajar. «Te acostumbras a la dureza del trabajo y muchas veces no te das cuenta de dónde estás metido. Yo lo veo como el que va con el coche a 200 kilómetros por hora, que se siente seguro pero no es consciente de que puede haber cualquier vicisitud que pueda desestabilizar ese vehículo», sentencia.

Ese ‘vehículo’ del que habla Luis se desestabilizó en varias ocasiones y tanto él como sus compañeros tuvieron que lamentar numerosos accidentes. Aunque, el trabajo en la mina no solo lleva aparejados problemas repentinos. «Muy pocos nos libramos de tener silicosis, que es una calcificación de los pulmones. Yo estoy con el segundo grado y esa es la peor secuela que me ha dejado la mina», incide Luis Villacorta.

La mina Fely de Velilla espera retomar la actividad en febrero

La minería palentina se quedó sin esperanzas en 2014, cuando cerraron los pozos de San Isidro y el de Las Cuevas, pero hay gente que se resiste a ver la zona sin la actividad que tanta riqueza trajo en el pasado, como José Luis Fernández, que, junto a otros tres socios, pretende devolver a la actividad la mina Fely, en Velilla, pero este camino está siendo muy tortuoso.

«La compré el 15 de agosto de 2015 y sigo con mucha ilusión, pero cada vez tenemos más problemas. Al inicio nos paralizaron, ahora estamos funcionando gracias a un proyecto de investigación, pero nos exigen tener una segunda salida a la calle para concedernos el proyecto de explotación. Y en eso estamos, trabajando para que la Dirección General de Minas nos conceda un proyecto de explotación que nos permita sacar carbón», explica José Luis Fernández.

La adecuación de las instalaciones a las necesidades de seguridad está prolongando demasiado el inicio de la actividad de la mina, pero el administrador único es optimista y espera poder arrancar en febrero. «Creemos que en un par de meses estaremos en condiciones de tener la segunda salida que nos exigen. Luego, tenemos que esperar a que nos lo concedan. Así que espero que entre febrero y marzo podremos ver la luz al final del túnel», señala Fernández.

La plantilla que va a necesitar este nuevo proyecto es de unos veinte trabajadores, pero paradójicamente, piensa que será complicado encontrar mineros dispuestos a trabajar. «El problema nuestro es que no podemos encontrar gente con capacidad técnica para trabajar. Ayudantes mineros hay los que queramos en el pueblo, pero picadores , barrenistas o personas de ese perfil más cualificado es más difícil encontrar», apunta Fernández, que espera devolver pronto la actividad minera a una zona que necesita empresas para poder fijar población.

El anuncio del cierre de la Central Térmica de Velilla no ha hecho otra cosa que reabrir heridas en una comarca prácticamente desangrada por la despoblación, que comenzó a notarse en 1990. El 20 de diciembre de 1989 la Comisión Europea dictó su decisión de iniciar el proceso de reconversión de la minería del carbón y la reducción de ayudas al Gobierno español, que comenzó a subvencionar a las explotaciones que redujesen su producción. Este hecho coincidió con la crisis del Grupo Bergel, una sociedad minera que agrupaba las empresas Antracitas de Besande (con explotaciones en Velilla del Río Carrión), Cántabro Bilbaína (con actividad en Villanueva de Arriba y Santibáñez de la Peña) y Felipe Villanueva (Villaverde de la Peña y Dehesa de Montejo). Bergel se declaró en quiebra en junio de 1990, y de esta forma desaparecieron las tres explotaciones palentinas, que con su cierre dejaron sin trabajo a sus 328 empleados.

Un minero, en una dura jornada en la Montaña Palentina.
Un minero, en una dura jornada en la Montaña Palentina.

El desastre del Grupo Bergel fue solo el principio del fin, y el cierre de minas se convirtió en un goteo incesante que culminó en 2014, cuando los dos únicos pozos mineros que quedaban en activo -el de San Isidro y el de Las Cuevas en Velilla del Río Carrión- cesaron su actividad.

La minería dejó de ser una actividad rentable y el fruto de las minas palentinas ni siquiera servía para la central Térmica de Velilla, que no usaba carbón nacional. Así que, lo que fue una actividad que llenaba de vida la montaña, dejó de serlo para que la despoblación hiciera aún más mella en una zona que vivía, casi en exclusiva, de la mina. Este cúmulo de circunstancias, que han culminado con el anuncio de Iberdrola del cierre de la Térmica, hacen que los mineros tengan la sensación de que su oficio ya es algo del pasado. «Empezaron con echarnos de nuestros puestos de trabajo y ahora, para rematar, nos cierran lo poco que nos queda. No nos parecía normal que se trajera el carbón de fuera habiéndolo aquí, pero vemos mucho peor esto», apunta Evaristo Pablos, que fue minero durante 25 años -de 1980 a 2005-.

El 4 de diciembre llegará mañana al calendario y cada vez son menos los que recuerdan que ese día es en el que los mineros celebraban a su patrona por todo lo alto en la Montaña Palentina. Ya solo queda Santa Bárbara en la mina y ningún minero le eleva plegarias porque los barrenos han dejado de romper de cabezas. Ya no hay mineros «con la camisa roja de sangre de un compañero», como reza la canción, pero es ahora cuando más motivos hay en la montaña para encomendarse a la virgen.

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JOSÉ VARONA. Minero de 1986 a 2010: «Era muy duro, pero en los años buenos se ganaba dinero»

José Varona, en el grupo ' Las Cuevas'
José Varona, en el grupo ' Las Cuevas'

José Varona entró a trabajar en la mina en 1986, con 16 años, y allí estuvo su fuente de ingresos hasta 2010, cuando se prejubiló. Varona pasó por todos los puestos –desde ayudante de minero, a picador, barredor o artillero– y asegura que conoce la mina como la palma de su mano, como esos cinco dedos que no pueden negar que han sufrido un trabajo ingrato.

¿Cómo es la vida de un minero?

–Es dura, pero si te gusta el trabajo que realizas, te levantas cada día con ilusión porque en la mina cada día te encuentras una cosa nueva, no hay monotonía. Un día puedes trabajar perfectamente, te corre el carbón, pero al día siguiente te puede entrar el agua y se puede hundir todo. Era un trabajo muy duro, pero en los años buenos se ganaba dinero.

Trabajaron mucho y parece que su oficio se extingue. Si nada lo remedia, no va a quedar ni la central...

–Se deberían haber hecho las cosas de otra manera a nivel europeo. Por ejemplo, no se puede entender que tengamos una central térmica que queme carbón de importación cuando lo tenemos en casa. Y como esto, mil cosas más.

En la mina se viven muchas situaciones límite. ¿Cuál de ellas es la que tiene más presente?

–Tuve un accidente bastante grave. Me cayó encima un derrame de carbón y me quedé atrapado con un agujero en una pierna. Me tuvieron que coser el músculo y el tendón, pero en cuestión de tres o cuatro meses estaba trabajando otra vez.

Va a ser verdad eso de que ustedes son de otra pasta...

–Somos como los toreros, pero cobramos menos que ellos.

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