La sequía reaviva el recuerdo de pueblos sepultados por el pantano

Puente reaparecido con la sequía. /Nuria Estalayo
Puente reaparecido con la sequía. / Nuria Estalayo

Villanueva del Río desapareció por el embalse de Aguilar a principios de los 60

NURIA ESTALAYOAguilar

Villanueva del Río (la del municipio de Aguilar, no la de Villoldo) desapareció bajo las aguas del pantano aguilarense el pasado siglo a principios de los años 60. En la página de la Confederación Hidrográfica del Duero, se recuerda que este embalse, de 247 millones de metros cúbicos de capacidad, fue puesto en servicio en 1964. Esta Villanueva, situada en el norte de la provincia, fue anegada junto a los pueblos de Cenera de Zalima, Quintanilla de la Berzosa y Frontada.

La mayoría de los habitantes de estas desaparecidas poblaciones se convirtieron en nuevos vecinos de la localidad de Aguilar de Campoo y muchos de ellos recuerdan con gran nostalgia sus orígenes y aquello que tuvieron que dejar atrás: sus casas de piedra, sus campos, sus chozas, su molino, sus puentes, sus iglesias. Aunque Villanueva del Río salvó parte de su patrimonio, por ejemplo la la ermita románica de San Juan Bautista, que fue desmontada, trasladada a Palencia y reconstruida en el parque Huerta Guadián, donde puede visitarse.

No obstante, la sequía y la consiguiente bajada del nivel del embalse permiten a los antiguos pobladores volver a lo que fuera su tierra y visitar no sin cierta amargura lo que queda de aquellas propiedades que fueron su hogar. Pero también el foráneo puede observar esos retazos de historia que emergen de las aguas y acercarse a esos restos y a las construcciones que se erigieron en otros tiempos. Sin duda, se asombrará con este paisaje que, cuando la falta de precipitaciones va retirando las aguas del Pisuerga, reaparece desolador, pero lleno de hermosura. En su mente podrá reconstruir parte de esas piezas, esas casas, esas huertas, o esos senderos que antes se transitaban por allí.

Actualmente, el embalse aguilarense (con fecha 13 de julio) se encuentra al 20,8% de su capacidad, lo que permite resurgir esos muros que fueron viviendas, y esas piedras que cobijaron vidas. De este modo, en la Villanueva norteña ya asoma su puente medieval. Ese que se realizó entre los siglos XIII y XIV y que ahora vuelve a aflorar, al igual que muchos otros vestigios del entorno. Poco a poco las huellas de aquella Villanueva reaparecen. El antiguo viaducto, cada año más incompleto, vuelve a enseñar sus cinco ojos y parte de la grandeza que le acompañó en otra época.

Algunos escritos señalan el puente de Villanueva es hermano del Puente Mayor de Aguilar de Campoo, aseverando que la antigua edificación de la infraestructura aguilarense era casi idéntica a la de Villanueva.

También hay quien alega que el puente pudo haber formado parte del Camino Francés a Santiago de Compostela que venía de Cervatos y continuaba por Guardo. Tal vez, los caminantes le atravesaban en su peregrinaje, pero seguro es que en estos tiempos es la climatología quien le otorga el beneplácito para brotar y saludar a los viajeros.

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