La sequía de los pantanos aumenta el caudal turístico

Varias personas pasean por los parajes secos de lo que fue Cenera de Zalima./Nuria Estalayo
Varias personas pasean por los parajes secos de lo que fue Cenera de Zalima. / Nuria Estalayo

Los parajes que han resucitado los vacíos embalses son un reclamo para andarines, ciclistas y motoristas

NURIA ESTALAYOAguilar de Campoo

Si la nieve en el norte palentino es un excelente reclamo turístico, la sequía no se está quedando atrás, ya que se está convirtiendo en una gran atracción para los visitantes. Sobre todo, para aquellos que no quieren perderse la posibilidad de pasear por el entorno de esos pueblos que fueron anegados por el pantano. ‘Ama’, la revista de las amas de casa en los años 60, se hizo eco de esta noticia en su número 76 publicado la primera quincena de marzo de 1963: «Tres pueblos españoles se van a hundir bajo las aguas: Cenera de Zalima, Villanueva del Pisuerga y Frontada».

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Hasta las ruinas de estas antiguas localidades del municipio aguilarense llegan hoy los curiosos en auto, caminando, en moto o en bicicleta, tropezándose con un desolado y sorprendente paisaje.

Huellas de un pasado reciente y reliquias de otras épocas más lejanas aparecen ante la mirada del paseante. De este modo, descubren las plataformas de lo que fueron diferentes tipos de edificaciones, muchas de ellas viviendas, pero también se encuentran vestigios de iglesias, molinos o puentes. Testimonios de la otrora existencia de estos poblados y del modo de vida de sus habitantes.

En Cenera de Zalima, la única de las tres que no ha emergido en su totalidad y que aún tiene agua sobre sus pies, atrapa sobremanera los remanentes de la iglesia de Santa Eugenia, que deja vislumbrar sus capiteles románicos recientemente fotografiados y catalogados por la Fundación Santa María La Real. De esta iglesia se rescató una portada románica que fue instalada en una de las dependencias del castillo de Monzón de Campos. También impresionan sus piedras apiladas, que brotan como serpenteantes reptiles.

Llegados a Villanueva del Río, lo que más sorprende es su puente medieval de llamativas dimensiones, que cuenta con cinco ojos. El puente, poniendo buena atención al pisar, aún se puede atravesar de lado a lado, a pesar de su estado calamitoso en algunos puntos. Asombra también descubrir los restos del Molino de Peña Cutral, alejado a algo más de un kilómetro de la localidad. Ylo que fue el paraje donde se levantaba la iglesia románica de San Juan Bautista de Villanueva, que fue desmontada y trasladada a Palencia hasta el parque Huerta de Guadián de la capital.

Al aterrizar en Frontada, llaman la atención los montones de piedras, los numerosos y singulares ladrillos y los segmentos de tejas que antes fueron hogares. Resulta chocante andar por lo que uno imagina fueron sus calles y sus casas hoy hechas escombros. Aquí se puede ver la iglesia de San Andrés intacta, pues al encontrarse en lo alto no fue inundada por el embalse. Sus incautos canecillos se muestran perplejos con el devenir de las aguas y la curiosidad de los turistas.

Todas estas estampas cautivan al espectador y más sabiendo que su visión es efímera. Solo durará lo que perdure la estación seca. El paso libre a los transeúntes se desvanecerá en cuanto la anhelada lluvia o las nieves aparezcan y entonces serán otros los elementos que enganchen a los turistas. Y la crónica de estos pueblos volverá a ser escrita bajo las aguas.

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