En el patrimonio rural de Baltanás

Un joven toma fotos de la bodega, durante la visita. /Luis Antonio Curiel
Un joven toma fotos de la bodega, durante la visita. / Luis Antonio Curiel

En plena preparación de los caldos, algunos propietarios enseñan sus bodegas

LUIS ANTONIO CURIELBaltanás

Los baltanasiegos tienen a gala sus bodegas, que conservan con empeño e ilusión, sabiendo que es una herencia que va pasando de generación en generación. Precisamente si han llegado en el actual estado de conservación es porque han mantenido su uso durante el tiempo. Por este motivo, varios vecinos han abierto las puertas de sus bodegas para que los visitantes pudieran conocer esta arquitectura hipogea, tan característica en el Cerrato y particularmente en Baltanás, al contar con 374 bodegas localizadas en varias alturas.

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Vecinos como Pablo Calleja o Vicente Picado, entre otros, abrieron sus bodegas y explicaron con detalle todos los elementos relacionados con esta arquitectura tradicional y con la propia elaboración del vino. Se da la circunstancia, además, que en estos momentos se encuentran en plena elaboración de los caldos baltanasiegos. Y como buenos anfitriones, ofrecieron a los visitantes un trago del vino de la tierra acompañado de un trozo de queso y otras viandas que forman parte del almuerzo bodeguero.

Este tipo de arquitectura cada vez atrae a más turistas a la capital del Cerrato, por lo que el propio Museo del Cerrato Castellano cuenta desde este año con un espacio dedicado a las bodegas en la comarca. Una arquitectura extendida por los pueblos cerrateños, superando las dos mil bodegas y que contarán con una promoción especial impulsada por Adri Cerrato Palentino, como se anunció en la mesa redonda ‘Bodegas, Patrimonio Rural’, recientemente celebrada en Baltanás, y profundizando en las actuaciones llevadas a cabo en las bodegas del pueblo burgalés de Moradillo de Roa y en las localidades cerrateñas de Astudillo, Dueñas, Torquemada y Baltanás.

Durante el mes de octubre, una de las estampas que más se repite es la de familias y cuadrillas de vendimias. Una fiesta de lo más tradicional que une a numerosas personas para vendimiar las uvas de los majuelos y viñedos existentes en la capital del Cerrato o en otros pueblos vecinos. Los propietarios de los viñedos ven recompensado, de algún modo, el esfuerzo realizado durante todo el año en el cuidado de sus vides. De este modo, recobra actualidad la expresión ‘de lagares’ en referencia al proceso de elaboración del vino, que exige el preparado de la bodega, el lagar y los tinos o cubas, el prensado de la uva para la obtención del mosto, el encubado y otros pasos que dan lugar al vino de consumo familiar que se beberá durante todo el año. En el Cerrato predomina el clarete, conocido popularmente como ‘ojo de gallo’.

Por este motivo, los pueblos cerrateños que mejor conservan sus bodegas son aquellos que han mantenido el uso tradicional, como los conjuntos de Baltanás y Torquemada (declarados Bien de Interés Cultural en la categoría de conjunto etnológico), Dueñas y Villahán, en otras localidades de la comarca. Se da la circunstancia, además, que Baltanás pertenece a la Denominación de Origen Arlanza. Este año la vendimia ha venido adelantada, ha sido escasa pero de gran calidad.

Un momento histórico para la capital de Cerrato fue la Declaración del Barrio de Bodegas como Bien de Interés Cultural, publicada en el BOCYL con fecha 14 de diciembre de 2015. «El Barrio de Bodegas de Baltanás constituye un conjunto etnológico de singular interés histórico y etnográfico, relevante ejemplo del sistema tradicional de producción de vino, tanto por su extensión y número de bodegas, como por su antigüedad y estado de conservación, pero especialmente por la característica estructura urbana y paisajística, consecuencia de la excavación de las bodegas en un mismo emplazamiento, siguiendo un plan de construcción colectivo», según promulgó el Bocyl en la declaración de BIC.

Esta declaración es fruto de un trabajo previo realizado por el Ayuntamiento de Baltanás durante varios años y en los que la colaboración vecinal ha sido fundamental. Los inicios se remontan a abril de 2001 con un censo de todas las bodegas baltanasiegas.

A principios de 2010 se llevó a cabo un levantamiento topográfico y posteriormente se realizó un estudio de las bodegas para conocer las trazas y planimetría del conjunto excavado, las características tipológicas, funcionales y constructivas, el estado de conservación y la propuesta de programa de actuaciones para su mantenimiento, compatibilizándolo con su uso. Las conclusiones de este estudio indicaron que el conjunto posee una buena estabilidad estructural y gran capacidad de resistencia, que llevaron a la elaboración de un plan especial y posterior declaración de BIC.

El conjunto de bodegas baltanasiegas cuenta con una serie de elementos únicos, desde los lagares hasta las puertas, pasando por humeros y chimeneas, descargaderos, cocinas y otros aspectos singulares que hacen que el conjunto sea único. Los baltanasiegos tienen claro que es fundamental el conocimiento de este patrimonio, tanto para los de dentro como para los que se sienten atraídos por la cultura vitivinícola, lo que permitirá transmitirlo en las mismas condiciones que lo han recibido de sus antepasados.

Inspiración de Gaudí

Las primeras referencias escritas encontradas hasta ahora en las que aparece citado el conjunto de bodegas de Baltanás datan de 1543, aunque todos los indicios datan el conjunto siglos atrás. Un espacio distribuido en dos cotarros con 374 bodegas y una extensión aproximada de cinco hectáreas. El cotarro más grande, el de El Castillo, cuenta con 305 bodegas y ocupa 4 hectáreas, ubicándose el resto de bodegas en la zona de Las Erillas. Todas las bodegas(a excepción de cuatro o cinco) están catalogadas y tienen su correspondiente ficha con la información sobre sus características y planimetría. Este conjunto crea un peculiar paisaje ubicado junto al núcleo urbano en el que las bodegas están excavadas en varios niveles superpuestos, llegando a seis niveles en algunas zonas. La investigadora Ana María Férrin defiende la tesis de que el arquitecto Antonio Gaudí se inspiró en los característicos humeros de las bodegas baltanasiegas para algunas de sus construcciones.

La capital del Cerrato se convirtió el pasado fin de semana en un referente en la divulgación del patrimonio vitivinícola enmarcado en los actos de la VII Feria del Queso y el Vino, que recobraron un protagonismo especial al ser alimentos muy unidos a la cultura bodeguera baltanasiega.

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