Misioneros palentinos repartidos por el mundo comparten experiencias

Algunos misioneros comparten sus experiencias. / MARTA MORAS

El obispo recibe a una treintena de religiosos en el encuentro anual

SANDRA OZARÍNPALENCIA

Más de cuatrocientos palentinos se encuentran actualmente repartidos por todo el mundo desempeñando labores religiosas y de ayuda social. La cita, que se ha convocado este jueves como cada año en la Diócesis palentina, tiene como propósito reunir a los misioneros que han vuelto a casa durante unos días para visitar a sus familiares y descansar.

Manuel Herrero, Obispo de Palencia, dio la bienvenida a todos los asistentes y así comenzó una jornada dedicada al diálogo, la oración y a compartir sus experiencias.

Valentina García Merino, Hermana de la Congregación de los Sagrados Corazones, ha pasado los últimos siete años en Venezuela ayudando en un comedor para niños provenientes de familias de escaso recursos «He estado dedicándome a la juventud y a los enfermos. Lo que hacemos en los barrios rurales varía mucho, nos podemos dedicar a hacer bautismos como pasarnos el día en las escuelas preparando talleres», apuntó la religiosa, «Yo vuelvo a Palencia pero mi corazón lo dejo allí. A pesar de que la situación en Venezuela es difícil, volvería sin dudarlo.»

El buen ambiente que se respiraba en la Diócesis se mezclaba con contrastes de experiencias muy duras, anécdotas y vivencias. El Hermano Marista Efraín Romo y Juan Martínez Ruiz, perteneciente a la familia Salesiana, han desarrollado parte de su actividad como misioneros en Puerto Rico, aunque Efraín Romo se encuentra actualmente ayudando en Costa Rica. «Puerto Rico representa una realidad muy compleja y diferente a otros países del Caribe o América Latina. He pasado allí 25 años y me he dado cuenta de que la situación de diferencia de clases no es tan grande como en otros países pero las necesidades que presenta, por ejemplo el alumnado, son impresionantes y nos dedicamos a eso actualmente.» explicó Efraín Romo.

Los misioneros, y algunos a pesar de su avanzada edad, contagiaron jovialidad y vitalidad entre los asistentes, como Germán Arconada del Valle, Sacerdote Diocesano y misionero por 51 años en Burundi. «Yo cuando volví a España me dijeron que pasara página pero me niego, esto para mí es un juramento que tengo hasta la muerte.», apuntó el sacerdote.

El encuentró continuó con un tiempo de reunión y oración conjunto donde los misioneros pudieron compartir sus experiencias y conversar sobre sus vivencias de forma más directa y personal.

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