Entre óleos y recuerdos del pasado de Antigüedad

Alfredo Barcenilla muestra su colección etnográfica. / Luis Antonio Curiel

La localidad acogió una exposición sobre los escudos de los apellidos del pueblo

LUIS ANTONIO CURIELAntigüedad

Alfredo Barcenilla Barcenilla es un apasionado de su pueblo natal, Antigüedad, y siempre que tiene ocasión colabora para dinamizar la vida de la localidad. Por este motivo, ha organizado una curiosa Exposición de Óleos y Escudos de los apellidos del pueblo que ha suscitado gran interés entre vecinos y visitantes.

El Centro Cívico Felipe Gil de Mena se convirtió durante unos días en una auténtica galería de arte, con decenas de obras realizadas por Alfredo Barcenilla. En la planta baja, Barcenilla expuso su colección de escudos con los apellidos del pueblo y que han utilizado en varias cenas medievales para ambientar el salón. Apellidos como Asensio, Barcenilla, Bombín, Cancho, Cantero, Clavero, De la Cruz, Gil, González, Mena, Ortega, Prior, Ramón y Sanzo, entre otros, fueron expuestos junto al escudo de Antigüedad. La muestra se completó con una colección de óleos relacionados con paisajes castellanos y de Antigüedad, el campo y las faenas agrícolas de antaño, distintos oficios, bodegones y retratos familiares.

Además, Barcenilla expuso su colección de pinturas de las puertas de las bodegas antigüedeñas mostrándolas en unas ventanas y cuartillos antiguos. «Para mí la pintura es una forma de vida y de realizarme en esta etapa de la jubilación. La mayoría de las obras forman parte de mi colección privada y algunos cuadros los regalo, como el óleo de los ‘Monaguillos Pillos’ que puede verse en la sacristía de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, en Antigüedad, y el óleo con la imagen de la Virgen de Villella que está en su Ermita» comentó Barcenilla, que ya ha organizado varias exposicioness en Antigüedad, Baltanás y Valladolid.

Un museo cerrateño

Alfredo Barcenilla ha organizado, por tercer año consecutivo, jornadas de puertas abiertas en su exposición etnográfica ambientada en una especie de casa-museo en la que el visitante retrocede en el tiempo. En 2015, la muestra recogió parte de sus recuerdos familiares y una importante colección de óleos dedicados al mundo rural, dando un paso más en 2016, ambientando la casa con camas y nuevos enseres, completando la exposición con una colección de bodegones. Este año, Alfredo ha dado un cambio a la Casa-Museo sita en la Calle Sur, 16, de Antigüedad, incorporando nuevas piezas y dedicando un amplio espacio a la Cofradía de Ánimas de Antigüedad, de la que ha recopilado numerosas piezas.

La muestra se localiza en el corral de Simón y Jacinta, padres de Alfredo. Un espacio que este antigüedeño ha recuperado con esmero para para recrear el ambiente de las casas típicas cerrateñas. «Al fallecer mi madre empecé a prepararlo, pues este espacio era el corral donde estaban las gallinas, pollos, cerdos y conejos. Rehabilité el edificio para colocar muchas de las piezas que tenía recopiladas y en 2015 organicé la primera exposición durante el verano, por la que pasaron cientos de cerretaños. He trabajado mucho, pero el resultado ha merecido la pena y estoy muy satisfecho de que la gente disfrute con estos recuerdos familiares del pasado», señaló emocionado Alfredo Barcenilla.

Así, en la planta baja, el visitante puede disfrutar del corral típico castellano con su portón restaurado y numerosos aperos de labranza junto a utensilios domésticos. Distintos tipos de ubios o yugos, bieldos, arneros o cribas, cabezadas, colleras, cazuelas de barro y de porcelana, la artesa con su lancha para lavar la ropa, juegos de antaño, cántaros y otras medidas del vino. En este espacio también puede verse una colección de conchas, distintos botijos y herraduras y el adobe con su abancal. En este corral se encuentran las sacas de Correos de su tío Fernando, fechadas en 1961 y 1963, además de varias sacas bordadas que pertenecieron a su abuelo Florentino Barcenilla y a su padre Simeón. Una réplica del traje del birria y la bandera dan la bienvenida al visitante junto a otras piezas relacionadas con la Cofradía de Ánimas, que tenía una misión especial con motivo del Carnaval. Resulta curiosa la boina, banda y bastoncillo del paje del abanderado; el bastón del capitán y el libro de los cofrades.

La planta primera de la casa recoge los elementos típicos para elaborar la matanza y el queso. Desde la máquina para picar y hacer chorizos con sus correspondientes elementos hasta el hilo para atar o las ollas para conservarlos. Alfredo cuenta con una mesa para la elaboración del queso con sus aros y cinchos; una rueca para hilar y un uso; un alfiletero; las agujas y leznas para coser colchones, calcetines y cuero; una báscula para pesar sacos; la piedra con el duerno para lavar; la tarja para llevar la cuenta de los panes; botijas; varias muestras de punto de cruz; latas y una cascadera de piñones elaborada en la infancia por el propio Alfredo.

Una botella de gaseosa

Una de las piezas más entrañable es la gaseosa de la fábrica local de Clavero, que no pasa desapercibida para el visitante gracias a las apasionadas explicaciones de Alfredo. Este espacio se completa con una colección de sartenes decoradas. También hay un rincón dedicado a la cestería y los jarros de barro.

La planta superior se dedica a los recuerdos familiares, con una colección de garrafones; los jabones elaborados a mano; los últimos ajos que tejió su padre hace 15 años; baúles y arcas; distintos tipos de planchas; almireces; relojes y pitilleras de la familia; fiambreras; un transformador; los juegos de la infancia como las muñecas, tabas, peonzas y el parchís; sillas; orinales; el sofá de sus abuelos; mantas confeccionadas en Tórtoles; taburetes y una mesa-velador en la que puede verse el árbol genealógico de la familia de Alfredo Barcenilla y su mujer, Angelines Prior.

En este espacio hay también una cama de forja con la colcha y mudas de época. Además, este espacio alberga distintas cajas y cuadros elaborados por Alfredo en la escuela de Antigüedad. «Mi intención es que demos valor a las cosas que tenemos en los corrales y desvanes. En mi caso, clavo que veo, clavo que cojo, pues siempre puede valer para alguna cosa. Espero que esta muestra sirva para inculcar los valores familiares y del ayer a las nuevas generaciones», explica

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