«Nunca regalaría un teléfono móvil a un niño menor de 14 años»

Antonio Terán se dispone a pronunciar una conferencia sobre ciberadicciones./Marta Moras
Antonio Terán se dispone a pronunciar una conferencia sobre ciberadicciones. / Marta Moras

El psiquiatra Antonio Terán analizó los problemas que causa entre los jóvenes la excesiva dependencia de los dispositivos tecnológicos

JOSÉ MARÍA DÍAZPalencia

Uno de los mayores expertos en el tratamiento de drogodependientes en Palencia, Antonio Terán, psiquiatra del Centro San Juan de Dios, ha ido constatando en los últimos años cómo el perfil de sus pacientes no solo variaba por la proliferación de nuevas sustancias estupefacientes, sino por la irrupción de nuevas adicciones, fundamentalmente las vinculadas al abuso de los dispositivos tecnológicos. Un problema que no debe situarse únicamente en el ámbito juvenil, aunque son las nuevas generaciones las más afectadas. Antonio Terán ha pronunciado en los últimos días una conferencia sobre ciberadicciones a petición del AMPA y de la dirección del instituto Victorio Macho.

–¿Cuándo comienza a hablarse de la existencia de ciberadictos?

–Hay un autor americano que dice que las ciberadicciones comienzan a ser tal en el siglo XXI, y él lo asocia a la llegada de las ‘tablets’ y del ‘smart phone’, que permite que, en cualquier lugar, en cualquier momento o situación, podamos conectarnos a la red e interactuar. Porque antes cuando solo existía el ordenador de mesa, había mucha más limitación. En el momento en que aparecen los dispositivos móviles y tenemos la posibilidad de que en el tren, por desgracia, en el coche, en una cafetería, en cualquier sitio, podamos conectar es el momento en que empieza a surgir un problema, que es poner límite al uso de las nuevas tecnologías.

–Pero ya antes del siglo XXI, con las videoconsolas o los juegos para PC, ya podían encontrarse verdaderos adictos...

–Sin ninguna duda. Los había. Porque todos los juegos que comportan un refuerzo, que comportan un premio, conllevan un riesgo, el de producir un refuerzo en el área del cerebro donde se establecen las recompensas. Y hay personas en los que estos refuerzos por factores de vulnerabilidad personal pueden llegar a engancharles. El problema no es que se juegue, el problema es hay personas, fundamentalmente, niños, que tienen factores que les hacen más frágiles, que pueden desarrollar una ciberadicción.

–Pero estas adicciones no se limitan solo a los niños...

–No, no. El problema es que en los niños y jóvenes hay una exposición muy temprana, sobre todo, porque se les regala muy pronto el teléfono móvil, se les regala muy pronto la ‘tablet’, y no hay control sobre ello. Se hace un uso sin control. Entonces, es una población muy vulnerable. Pero el problema puede surgir también en los jóvenes o en los adultos. Insisto, generalmente existen factores de vulnerabilidad.

–¿Cuál sería una edad recomendable para regalar un teléfono móvil a un niño?

–Nunca, nunca, yo se lo regalaría por debajo de los 14 años, o, si es así, con una formación y una educación previa. Tenemos que enseñar antes a utilizar ese teléfono móvil. Yo siempre pongo un ejemplo, si un joven quiere conducir un coche, tiene que tener una edad, y tiene que tener una formación, y además tiene que estar acreditada por un examen. En el coche, lo hacemos así porque vemos todos los riesgos. Sin embargo, con el teléfono móvil, con la ‘tablet’ o con el ordenador, simplemente, lo regalamos, muchas veces coincidiendo con el cumpleaños o la Primera Comunión, y, claro, a los 7 años, el lóbulo frontal, que es el que toma las decisiones y el que es capaz de discernir si algo es conveniente o no lo es, todavía no se ha desarrollado. El lóbulo frontal, que es el lóbulo de las decisiones, y que es el semáforo con el que decimos, verde, adelante, amarillo, precaución y rojo, peligro, es lo último que se desarrolla y empieza a hacerlo a partir de los 16, 17, 18 o 19 años.

–Da la impresión de que la sociedad no es consciente de que exista ese riesgo...

–No vemos los riesgos por una circunstancia concreta, porque el fenómeno de las nuevas tecnologías va muy rápido, muy rápido. Avanza tan rápido, que constantemente nos ofrece novedades, aplicaciones, alternativas a nuestra vida y no nos da tiempo a dar una respuesta adecuada a si eso que vamos a utilizar en un momento determinado puede perjudicarnos.

–¿Puede hablarse de un perfil de adicto?

–No, no tendría por qué haber un perfil de adicto. Lo que sí que es cierto es que hay unas personas que son más vulnerables. Si queremos hablar de ese perfil, el más habitual es el de un joven, o una joven, también adultos, que vive para y por las nuevas tecnologías, que está pendiente de ellas desde que se levanta por la mañana hasta que se acuesta por la noche.

–¿Y por qué unas personas son más vulnerables que otras?

–Pues se es vulnerable por diversos factores, por la existencia de trastornos de la personalidad, por la existencia en su personalidad de componentes muy impulsivos, por la existencia de problemas en el desarrollo evolutivo de su cerebro. La edad nos hace más vulnerables, cuanto más joven es la persona que utiliza las nuevas tecnologías más vulnerable es a que pueda ser influenciada por los contenidos, pueda ser manipulada, tiene más posibilidades de entrar en espacios que no son adecuados para su edad, es decir son influenciables y fácilmente manipulables.

–Comienzan a apreciarse también problemas con una búsqueda rápida de la fama, a toda costa...

–Sin duda. Eso es un refuerzo. Es decir, el problema no es solamente lo que supone aquello que nos ofrece la nueva tecnología, sino la existencia de unos modelos de imitación. Hay determinados personajes que digamos son modelos para los jóvenes y de alguna manera, se jactan, se exhiben...

–Hay una exposición excesiva...

–Claro, pero no solo pasa con las nuevas tecnologías. Ha pasado también con el mundo de las drogas. Si recordamos la historia de las drogas, pasaba exactamente lo mismo, grupos musicales, cantantes que sabemos que han muerto por el consumo de sustancias, pero que en su momento fueron iconos absolutos.

–¿Hay cura para las ciberadicciones?

–Sin duda. La cura fundamental es el tratamiento preventivo. Prevenir es adelantarse a lo que va a venir. Todo lo que se pueda hacer en el tratamiento preventivo, educativo, pedagógico, en el uso de eso que..., tampoco hay que demonizarlo, que es bueno, porque toda tecnología es un avance. Pero hay que educar a los jóvenes en el uso de las nuevas tecnologías.

–¿Y el que ya es adicto?

–Pues tratarse. Ahora mismo están en desarrollo programas de intervención que tratan es de ayudar a esa persona a superar esa adicción, que les ha llevado, de alguna manera, a vivir para y por estar conectados. Hay que enseñar a vivir sin estar conectados.

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