«Me dan miedo las banderas en los balcones, así empezó la guerra en mi país»

Dino Sahuric Kuduzovic sirve una caña en el Bar Gato Negro de Palencia , en el que trabaja. /Antonio Quintero
Dino Sahuric Kuduzovic sirve una caña en el Bar Gato Negro de Palencia , en el que trabaja. / Antonio Quintero

El refugiado croata Dino Sahuric, asentado en Palencia, ve similitudes entre el proceso catalán y la guerra de Yugoslavia

Marco Alonso
MARCO ALONSOPalencia

Abandonar tu país para emprender una nueva vida en otro lugar puede parecer un tanto traumático, pero en muchas ocasiones esa partida de la patria tiene más de liberación que de trauma. Puede haber cientos de inmigrantes que corroboren esta sentencia en primera persona, y el croata Dino Sahuric Kuduzovic es uno de ellos. No en vano, su llegada a España permitió que su padre saliera de un campo de concentración en la antigua Yugoslavia.

«Toda mi familia estuvo obligada a salir del país. Los serbios querían hacer una limpieza étnica y querían matar a los croatas y a los bosnios para hacer lo que ellos llamaban ‘la Gran Serbia’. En mi ciudad, en Prijedor, fueron de casa en casa preguntando a los padres de familia que si eran serbios, y si decían que no, los mandaban a los campos de concentración. Mi padre fue uno de los que no se declaró serbio y estuvo durante seis meses en tres tipos de campos distintos, pero tuvo la suerte de aguantar y sobrevivir», apunta Dino, que asegura que no es huérfano gracias a la intervención de la Unión Europea, Acnur y Unicef. «Llegaron a un acuerdo tras varias conversaciones y sacaron a las personas que estaban en los campos a cambio de que se marcharan y no regresaran», recuerda este joven, que tuvo que abandonar su país con solo cuatro años para comenzar una nueva vida en la localidad murciana de Yecla, donde su padre comenzó a trabajar como técnico de deportes del Ayuntamiento.

Dino era solo un niño cuando tuvo que salir de Prijedor y tiene pocos recuerdos de aquella época, pero la memoria de su famila hace que tenga muy presentes esos momentos, que, según él, guardan ciertas similitudes con lo que sucede actualmente en España. «Cuando veo tantas banderas en los balcones, me da miedo porque así empezó la guerra civil en Yugoslavia. Cuando voy por Palencia y veo los balcones llenos de banderas de España o pongo la tele y me enseñan que Cataluña está llena de esteladas, me hierve la sangre. Luego escuchas comentarios odiosos de uno y otro lado y me recuerda un poquito cómo comenzó allí la guerra civil. Se juntaron el nacionalismo y el odio, y creo que aquí está pasando algo parecido. Espero que se sepa reconducir todo esto porque yo he vivido una situación similar y sé cómo acaba», explica.

Han pasado 25 años desde aquel 1992 en el que Dino tuvo que marcharse de casa para no volver. Tras formarse en tierras murcianas y estudiar hostelería, ahora trabaja en Palencia como camarero en uno de los bares de moda de la capital, el Gato Negro, donde pocos saben la historia real de este niño que se hizo grande mientras su Yugoslavia natal se hacía añicos para desmembrarse, para dividirse en siete pedazos llamados Bosnia, Croacia, Eslovenia, Macedonia Montenegro, Serbia y Kosovo.

La historia de Dino es solo una más de los cientos similares que se pueden encontrar en la calle, aunque algo tan duro pueda parecer de película para la primera generación de españoles que no ha vivido una guerra. Pero la película de Dino no se estrenará en el cine, y es una pena porque ha tenido un final feliz, pese al drama inicial. «Para mí fue fácil, pronto fui un niño normal y corriente de aquí. Para mis padres fue más difícil porque tuvieron que ir a clases particulares de español mientras vivían la guerra civil por la tele», explica este joven para el que emigrar fue la única opción.

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