«Lo mejor de Palencia es la gente»

José María Pérez 'Peridis'. / Nuria Estalayo

José María Pérez ‘Peridis’ pronunciará este viernes el pregón del Día de la Provincia

FERNANDO CABALLEROPalencia

«El mejor embajador del patrimonio palentino». Así ha definido la presidenta de la Diputación, Ángeles Armisén, al arquitecto, dibujante, escritor y hasta hace pocos meses presidente de la Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico, José María Pérez González, conocido con el apodo de Peridis, que hoy leerá el pregón – «el último» dice– en la trigésimo tercera edición del Día de la Provincia. De origen cántabro –nació en Cabezón de Liébana, el 28 de septiembre de 1941 –ayer cumplió 76 años–, la infancia la pasó en Aguilar de Campoo, junto a las ruinas del antiguo monasterio premostratense de Santa María la Real. Esas ruinas le impactaron y le marcaron para toda su vida. Ya de mayor, promovió su restauración mediante una asociación de amigos y este colectivo fue el germen de lo que hoy es la fundación, un referente internacional en la restauración, estudio, conservación y difusión del románico, con una magna obra bibliográfica, que es la ‘Enciclopedia del Románico de la Península Ibérica’, que ahora se quiere trasladar a Portugal. Él es el promotor, ideólogo y ejecutor de proyectos que han vinculado el patrimonio con la formación y el empleo, como las escuelas taller y las lanzaderas, de los que se han beneficiado miles de jóvenes en España y en América Latina. Divulgador del patrimonio y de la Edad Media, ha dirigido para TVE ‘Las claves del románico’, es autor de las novelas históricas ‘Esperando al rey’, que mereció el Premio Alfonso X el Sabio de Novela Histórica, convocado por Espasa, y ‘La maldición de la reina Leonor’. Su despedida de la fundación coincidió con la publicación de ‘Hasta una ruina puede ser una esperanza. Monasterio de Santa María la Real de Aguilar de Campoo’, libro en el narra con exquisita belleza la restauración de este cenobio.

–¿Un nuevo pregón para usted?

–Ya es el último pregón que quiero dar, porque dan muchísimo trabajo, si te lo tomas en serio. Quiero hacer un pregón afectuoso y entrañable, dirigido a la gente que todavía queda en Palencia, que cada vez son menos. ¡Nos quedamos solos! Nos vamos los viejos y los que se quedan se van haciendo mayores.

–¿Cómo ve ahora la provincia de Palencia?

–Siempre he visto una provincia muy complementaria y muy vertebrada por los ríos, por el Canal de Castilla y el Camino de Santiago. Es una cruz con dos ríos –grandes ríos, por cierto– en forma de uve. Por arriba tenemos la Robla y en medio el Camino de Santiago, y cruzándose con ellos, el Canal de Castilla. Hay una mezcla enorme de naturaleza, agricultura, cultura y tradición, pero también lo que nos ha traído las grandes infraestructuras como el Ave y las autovías. Es una provincia muy bien vertebrada con una unidad en la variedad de las tres zonas que son la montaña, Tierra de Campos y el Cerrato, y con una historia formidable.

–Este vertebración de la provincia sirve el desarrollo económico de la provincia?

–Tiene que servir. Hay otros puntos de la geografía que están muy partidos por cordilleras en medio, pero Palencia con esa enorme bandeja que es Tierra de Campos, abierta por un lado a Cantabria por Aguilar, abierta a León, a Burgos, a Valladolid, que son buenos focos... Es una provincia que está bien emplazada. El eje Madrid-Francia pasa por una esquina de Palencia, prácticamente. La provincia tiene condiciones porque tiene territorio, materia prima, agua y muy buena gente. Lo mejor de Palencia es la gente. Todo el mundo me lo dice. Es austera, sobria, que cumple, legal, afectuosa, poco petulante, con modestia... Hay un señorío en los palentinos, un señorío desde la sencillez y la sobriedad.

–El patrimonio es uno de los grandes recursos de la provincia, que desde la fundación que ha presidido hasta hace unos meses se ha restaurado y potenciado. ¿En qué medida el patrimonio puede contribuir al desarrollo de la provincia?

–Lo que hemos hecho en el monasterio de Santa María la Real de Aguilar de Campoo es pasar de la ruina a la esperanza, de la esperanza a la realidad, de la realidad a la imaginación, de la imaginación a la exportación. ¿Quién nos iba a decir a nosotros que íbamos a acabar la ‘Enciclopedia del Románico de la Península Ibérica’ con 64 tomos y que podemos estar a punto de empezar Portugal si nos confirman el encargo? Es una obra que no está haciendo nadie en el mundo en estos momentos. No hay una país que esté acometiendo una edición de su patrimonio en una de sus modalidades más entrañables que es el románico. Ni en Italia, ni en Francia, ni en Alemania, ni en Inglaterra ni en ningún sitio. ¿De qué somos capaces? Somos capaces de todo, pero tenemos que tener una idea, que es ser innovadores con los pies en el patrimonio y en la historia, y una pasión, el intento de conseguirlo, hacerlo en equipo, y hacerlo muy bien. El libro ‘Hasta una ruina puede ser una esperanza’ es lo mejor que podíamos hacer para homenajear a las quinientas personas que en Aguilar de Campoo montamos la Asociación de Amigos del Monasterio de Santa María la Real. ¿Quién nos iba a decir a nosotros que íbamos a llegar tan lejos? No sé en qué deparará dentro de diez, quince años, veinte, porque hoy las empresas duran poco. Pero de lo que hemos hecho podemos decir que nos quiten lo bailado. El románico palentino está recibiendo cada vez más visitas. Creo que por fin ha cristalizado una marca que tiene Palencia, que es el Románico, el patrimonio, pero también es el renacimiento las catedrales, es el paisaje, la gastronomía, la gente... Tenemos mucho potencial, pero tenemos que creérnoslo. Nos falta autoestima, querer lo nuestro y querer lo de los demás –querer de amor, no para quitárselo–.

–¿Cómo se puede alcanzar esa autoestima?

–Emprendiendo objetivos colectivos, compartidos por todos, perseguirlos y trabajarlos con tenacidad. En el norte y en el resto de la Palencia hay una buena autoestima en torno al patrimonio. Llevamos cuarenta años trabajando y haciéndolo muy bien, al servicio de los demás. Hay que acoger muy bien a los que vienen, cómo se les trata, cómo se les quiere y qué bien cuidado está lo que tenemos. El reto ahora es cuidar muy bien lo que tenemos. Ya sabemos lo que tenemos, ya hemos puesto el foco, ya hemos restaurado mucho, y ahora hay que cuidarlo, enseñarlo, animarlo, llenarlo de música, de conciertos, como aquellas romerías del románico que organizábamos. El patrimonio tiene que estar vivo. Tenemos que darle vida al patrimonio los que quedemos, por ahí se empieza. Si no tenemos la patria que es el patrimonio, la tierra, la herencia que hemos recibido, si no lo cuidamos, ¿con qué cimientos vamos mirar al futuro?

–Los ayuntamientos qué papel tienen en esta revalorización del patrimonio?

–Muchísimo, porque el patrimonio es la gran administración de proximidad. El patrimonio, si lo hacen suyo, que ya lo han hecho, es ponerlo en valor, es mimarlo, meterlo en los presupuestos un poquito, porque nadie impide a un alcalde quitar las zarzas del entorno de una iglesia, nadie les impide pedir que se señalice bien y procurar que la atención al visitante sea esmerada y concienciar a los vecinos que no lo están, saber que el patrimonio no es una carga, que es una riqueza. Ya lo decía Fuentes Quintana: el patrimonio de antaño son las rentas de hogaño. Creo que los ayuntamientos son un elemento clave. Y otro elemento clave son las diputaciones, que siempre han tenido sensibilidad. Soy de los que están totalmente en contra de la desaparición de las diputaciones. Las diputaciones tienen un papel extraordinario en la lucha contra la despoblación, muy importante.

–Qué mensaje transmitirá en el pregón a los palentinos?

–Alegría, entusiasmo, orgullo de ser palentinos y ganas, ganas, de luchar, de pelear por la tierra, y disfrutándolo. Palencia es una tierra que por su historia, la geografía, el patrimonio y por la nobleza de la gente es muy, muy acogedora y muy buena para vivir. Hace falta encontrar actividades para los jóvenes, hay que encontrar un sitio por los jóvenes, para que no tengan que emigrar. Tenemos mucha gente valiosa que se va, y los que se van podrán volver para montar iniciativas en su tierra.

–La sequía ha vaciado los pantanos y están apareciendo restos de los antiguos pueblos. ¿Es posible recuperar, por ejemplo, los capiteles de Cenera de Zalima?

–Creo que hay que hacerlo. La propietaria de ese patrimonio es la Confederación Hidrográfica del Duero. También el puente de Villanueva del Río, que cada año emerge. Yo tuve un proyecto, e incluso asegurada la financiación del Ministerio de Fomento, para trasladarlo a Aguilar, a la Cascajera, para que estuviera vivo y pudiera la gente pasar por él. Había que esperar un año, dos años, a que bajara el nivel de agua, pero cuando bajó el agua, ya se había ido el crédito, se evaporó.

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