Mariana cumple un siglo

Mariana, junto a las trabajadoras de la residencia y sus tres hijas, dos yernos y un nieto. /Nuria Estalayo
Mariana, junto a las trabajadoras de la residencia y sus tres hijas, dos yernos y un nieto. / Nuria Estalayo

La centenaria, nacida en San Felices, reside en la Tercera Actividad de Aguilar

NURIA ESTALAYOAguilar de Campoo

Sonriente y emocionada ha recibido este sábado Mariana Andérez Andérez un homenaje en la Residencia Tercera Actividad de Aguilar de Campoo, donde reside, con motivo de su centésimo cumpleaños. La mujer, acompañada de parte de su familia, recibió de manos de las trabajadoras del centro una placa conmemorativa y un ramo de flores. «Las flores, mejor recibirlas ahora en vida», comentó al ver el ramo la homenajeada, a quien le gustan mucho estas plantas que antes ella misma cultivaba en su jardín.

Mariana nació el 19 de agosto de 1917 en San Felices de Castillería, actualmente pedanía del municipio de Cervera de Pisuerga. Allí nacieron sus cuatro hijos (tres mujeres y un varón), en el pueblo norteño se quedó viuda a los 56 años, y en él siguió trabajando la tierra, al mismo tiempo que seguía cuidando de sus vástagos y de sus animales hasta que hace poco más de una década fue a vivir a una residencia.

También cuidó de la más pequeña de sus hermanas, Daría, la única de sus seis hermanos que, como ella, aún vive, y que tenía tres años cuando la madre de ambas murió recién alcanzada la cuarentena.

Después de San Felices, Mariana primero residió en Palencia, y desde hace once años en la Residencia Tercera Actividad, perteneciente a la Fundación Santa María La Real. «Una mujer con mucho carácter y personalidad, y muy trabajadora», la describían ayer sus hijas, que manifestaron que es una «gran alegría poder celebrar esta fiesta».

La conversación con Mariana es difícil porque sus oídos le fallan, pero no su memoria, que sigue estando en buen estado. Sus piernas, aunque flojean, todavía la desplazan a donde desea ir ayudada de un andador, que también utiliza para frenar el ascensor y que las puertas no se cierren mientras entra o sale de él. Hasta hace muy poco aún continuaba moviendo sus agujas y el ganchillo para confeccionar alguna pieza.

La celebración ayer de este especial aniversario reunió a 18 de sus familiares: sus cuatro hijos, varios de sus nueve nietos y de sus once biznietos, y algunos sobrinos. Con ellos compartió en un restaurante mesa, y sobre todo, besos y sonrisas.

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