El Lecrác se enfrenta a un nuevo arreglo de sus deficiencias

Panorámica del Lecrác./A. Quintero
Panorámica del Lecrác. / A. Quintero

El Ayuntamiento de Palencia espera que el Ministerio de Fomento acepte gastar otros 300.000 euros

JOSÉ MARÍA DÍAZPalencia

No tiene suerte el Ayuntamiento de Palencia con la rehabilitación de antiguos edificios para la creación de equipamientos culturales. De La Tejera es mejor no hablar, puesto que el proyecto lleva estancado desde hace más de diez años; del Museo del Agua, tampoco no pueden lanzarse demasiadas alabanzas, porque, aunque su reforma no haya dado problemas, su resultado práctico como centro de interpretación sobre los usos del agua no parece haber cuajado en la sociedad palentina y los intentos de transformado en foco de atracción turística dejan bastante que desear; y ya si se habla de la antigua cárcel, las cosas todavía se complican mucho más, puesto que desde su apertura al público, hace poco más de tres años, no ha dado más que quebraderos de cabeza al equipo municipal de gobierno.

Y no fueron los primeros, puesto que el proceso de rehabilitación del inmueble estuvo rodeado desde el primer momento de continuos problemas, retrasos, modificados e incomprensibles errores arquitectónicos. Y eso, sin contar la guerra que tuvo que abrir el Ayuntamiento con el Ministerio de Fomento para lograr fondos con los que urbanizar el entorno del edificio, puesto que inicialmente esta actuación no se incluyó en el proyecto de obras.

La verdad es que con todos estos antecedentes, da auténtico vértigo el pensar que el Ayuntamiento quiere embarcarse en una aventura semejante, con la rehabilitación de la Alcoholera de la avenida de Cuba...

Sin embargo, lo que ahora preocupa realmente en el Ayuntamiento es la situación de la antigua cárcel. Transformada en centro cívico y cultural, bajo la denominación de Lecrác (significa cárcel, leído al revés), estas dependencias municipales se han convertido desde sus orígenes en un verdadero calvario para la Concejalía de Cultura, de la que dependen.

Si ya durante las obras nadie podía dar crédito a lo que estaba ocurriendo, lo que ha ido deparando desde entonces no tiene ningún sentido para los ciudadanos, que no pueden llegar a entender cómo en un edificio municipal se pueden haber hecho tan mal las cosas, a pesar de que se han invertido más de ocho millones de euros (el 70% lo aportó el Estado, y el restante 30% fue cofinanciado por el Ayuntamiento y la Junta).

Fue necesario modificar el proyecto inicial de reforma, puesto que durante las obras se vino abajo una parte fundamental de la estructura original de la antigua Prisión Provincial. Hubo de reconstruirse con el mismo diseño, lo que encareció el proyecto y también lo demoró. Posteriormente, ya en el tramo final, cuando el Ayuntamiento se disponía a abrir el edificio, se detectó que carecía por completo de cañerías que conectaran el sistema de tuberías del inmueble con la red de acometida de agua o con la de saneamiento. Asimismo, se comprobó que tampoco cumplía con la normativa de accesibilidad, por lo que las reformas sobre el diseño original tuvieron que efectuarse antes ya de la apertura al público.

Pero la acumulación de nuevos problemas no paró ahí, y desde diciembre de 2014 no han parado las quejas de los empleados, las reclamaciones de los usuarios, los despropósitos detectados en el diseño arquitectónico y también los continuos gastos con el objetivo de ir paliando estas circunstancias. Se dan casos tan sorprendentes como la imposibilidad de cambiar las bombillas en determinadas zonas si no se contrata una grúa especial, debido a que se encuentran a tanta altura que no hay otra forma posible de acceder a ellas.

El problema de mayor índole, y para el que el Ayuntamiento ha tenido que plantear un requerimiento al Ministerio de Fomento se refiere a los episodios de inundación que sufre la cubierta del edificio cada vez que llueve. Esto se debe a que buena parte está formada por amplios espacios completamente llanos, bordeados por una barandilla. Y se da la circunstancia de que en esta zona no se ha instalado ningún ‘vierteaguas’ o desagüe, con lo que toda la lluvia se acumula en las cubiertas, que poco a poco van transformándose en auténticas piscinas. Ante esta situación, los bomberos de Palencia han tenido que acudir en algunas ocasiones a achicar el agua, por el temor de que pudieran hundirse los techos debido al peso acumulado, ya que no existe ninguna otra forma de desagüe.

El Ayuntamiento, cansado de los graves problemas que está generando esta circunstancia, ha presentado a Fomento una memoria valorada, en la que se recogen las actuaciones que deben llevarse a cabo en el centro para evitar que sigan reproduciéndose estos problemas. Se trata de una intervención presupuestada en 300.000 euros, una cantidad que el Ayuntamiento estima que debe asumir el Estado, ya que fue esta administración la que estuvo al frente de las obras de rehabilitación del edificio y controló su desarrollo.

Por el momento, el Estado no ha respondido a la petición municipal, por lo que estos problemas y algunos otros siguen a la espera de una solución.

Porque no solo es preocupante la inundabilidad de la cubierta y las consiguientes goteras que genera, son también un clamor de queja otros aspectos, como el mal funcionamiento del sistema de calefacción y aire acondicionado, o el deficiente aislamiento acústico, lo que provoca que en determinadas zonas el ruido que produce la maquinaria interna impide prácticamente el desarrollo normal de cualquier actividad.

Las incomodidades, por el mal funcionamiento y el deficiente diseño del centro, llevaron también a los trabajadores municipales que prestan allí sus servicios a plantear una queja a la Inspección de Trabajo, organismo que, tras visitar sus técnicos el centro, impuso una sanción al Ayuntamiento de Palencia, obligándole a corregir numerosas deficiencias. Así, una de los principales actuaciones de mejora que se han llevado a cabo ha sido la de colocar un cristal de aislamiento en la zona de recepción del vestíbulo, con el fin de facilitar la calefacción en la zona de los conserjes municipales, tras el mostrador del vestíbulo, que hasta ahora en invierno trabajaban con abrigos, guantes y bufandas en el interior de un edificio público.

Sin embargo, aún faltan intervenciones exigidas por la Inspección de Trabajo, como la construcción de vestuarios para el personal o la de almacenes para el material de papelería, que no puede guardarse junto a los cuadros eléctricos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos