Ginés Marín maquilla una tarde para el olvido en Palencia

El de Jerez de la Frontera corta una oreja al último de una insulsa corrida, en la que Joselito Adame y Juan del Álamo se fueron de vacío

MARCO ALONSOPalencia

Triste y desangelada.Así se quedó la puerta grande de Campos Góticos, que se había acostumbrado a la multitud después de dos excelsas tardes, pero ayer permaneció cerrada a cal y canto tras una mala corrida de Alcurrucén en la que los toros no estuvieron a la altura de las circunstancias. Solo Ginés Marín fue capaz de sacar una oreja al último de la tarde para mitigar esa sensación de enfado que queda en los tendidos cuando sale un festejo así.

El ‘himno a Palencia’, tocado por la banda y cantado por los tendidos tras el paseíllo, aportó sentimiento a una tarde en la que la pasión brilló por su ausencia. Arrancó Joselito Adame la tarde ante ‘Economista’, que hizo honor a su nombre y no derrochó fuerzas en los primeros tercios. Un buen quite por chicuelinas y un par de banderillas perfectamente ejecutado por Fernando Sánchez desataron los primeros aplausos de un público que llegó a la tercera de abono con las manos doloridas de tanto aplaudir en las dos tardes anteriores, pero que ayer descansó, muy a su pesar, de tanta palma. Economista llegó a la muleta con fuerzas gracias a su ahorro en los primeros tercios y Joselito acabó la faena con media estocada desprendida que, con la ayuda del descabello, mandó al albero a su oponente, que abandonó la plaza con las dos orejas bajo los pitones.

La indiferencia del tendido ante su trabajo en el primero dejó tocado al mexicano, que arrancó la faena a su segundo toreando sentado en el estribo, dispuesto a lograr el trofeo que los aceros le habían negado en el primero. La mansedumbre de su rival no supuso un problema para Joselito, que sacó a relucir su extenso repertorio de muleta para hacer sentir el toreo al público por primera vez en la tarde, pero un pinchazo al entrar a matar y una mala elección con el descabello dejaron al entregado Joselito sin premio.

Por su parte, Juan del Álamo se las vio en su regreso a Campos Góticos ante un castaño complicado, con el que se tuvo que emplear a fondo para que entrara en los trapos. El de Alcurrucén se mostró muy distraído y Del Álamo se dejó la garganta llamándolo, para que no perdiera la fijación, pero lograr la ligazón ante toros así es muy complicado. El madrileño estuvo nervioso y, tras una buena tanda de manoletinas, fue incapaz de acabar con el toro a la primera y sí lo hizo tras un segundo intento poco ortodoxo.

En su segundo y quinto de la tarde, Del Álamo quiso conectar son el público desde el principio. Unas ajustadísimas chicuelinas dejaron claras sus intenciones y un castigo muy leve en el caballo hizo que el toro llegara entero a la muleta. El quinto fue voraz, tal vez en exceso, y la faena exigía una paciencia que el matador estaba dispuesto a dar hasta que su oponente le prendió a la altura del pecho. Saltaron las alarmas, pero el pitón no entró en el cuerpo del madrileño, que se quitó la chaquetilla para continuar la faena alentado por una ovación cerrada. Había que bajar la muleta para obligar al toro a humillar y evitar de esta forma sus peligrosos cabezazos. Así lo entendió el madrileño, que regaló al público unos buenos pases que culminaron con media estocada, pero una serie de fallos encadenados con el descabello afearon la faena.

Ginés Marín tenía la responsabilidad de levantar la corrida, pero en el tercero le tocó bailar con la más fea y, en los primeros segundos de su concurso en el albero palentino, observó que a su oponente le asustaban las telas. Un violento encontronazo con el caballo y dos puyazos generosos sirvieron para que el animal se centrase y ayudara a Ginés a cuajar una buen faena, con un toreo en redondo que levantó a un tendido agradecido. Si el de Jerez de la Frontera llega a haber matado a la primera, se hubiera llevado una oreja, pero su media estocada tendida no hirió de muerte al toro y tuvo que usar el descabello hasta en ocho ocasiones para que cayese su rival.

Parecía todo perdió cuando salió el sexto, pero demostró ser el mejor del lote. Marín lo entendió bien desde el inicio y, con mucha quietud, arrancó una faena en la que quería hacer olvidar su descalabro en el tercero con los aceros. Ginés volvió a estar muy torero con la muleta y su media estocada le permitió llevarse la única oreja de un festejo que llevó a la afición del cielo, al suelo. Y es que, tras ver a El Juli, Roca Rey y Luis David Adame cruzar la puerta grande el viernes, lo de ayer fue un bajón. A ver si lo arreglan hoy Pablo Hermoso, Sergio Galán y Lea Vicens.

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