«El humor y el amor ayudan a que la vida sea un poco más soportable»

Luis Piedrahita./Diego Martínez
Luis Piedrahita. / Diego Martínez

Luis Piedrahita llega hoy viernes a Palencia con su espectáculo ‘Las amígdalas de mis amígdalas son mis amígdalas’

MARCO ALONSOPalencia

El trabalenguas que da nombre a su espectáculo solo se le podía ocurrir a él. ‘Las amígdalas de mis amígdalas son mis amígdalas’.Así se llama el monólogo que ofrecerá Luis Piedrahita esta noche a las 19:00 y a las 22:00 horas en el Teatro Ortega de Palencia, una obra en la que el rey de las pequeñas cosas volverá a centrar su mirada en lo más insignificante para engrandecerlo con su discurso irónico y con su enrevesada forma de utilizar el lenguaje.

¿A qué responde esa afición suya por las amígdalas?

–Que nadie se crea que el espectáculo contiene chistes acerca de tejido linfoide porque no es así. Muchas veces nos ha sucedido que la gente se agolpa en las puertas del teatro diciendo que solo quiere escuchar chistes de amígdalas y no es así. Yo he puesto ese título porque cuando el público ríe, la parte que más se ve desde el escenario son las amígdalas. Cuando la gente ríe, poseída por uno de los ataques de risa que se dan el espectáculo, lo que veo desde el escenario es un jardín florido de amígdalas, húmedas y rosaditas, que bailan al compás de las carcajadas. Esas amígdalas pueden ser del público, pero yo las considero mías y de ahí viene el título.

¿Y qué pasa por su cuerpo cuando observa a algún espectador que ha sido despojado de un bien tan preciado por una inoportuna operación?

–A veces ves un huequecillo de alguien que ha sido ‘amigdalotomizado’ y da penita, claro. Es como cuando un niño de ocho años sonríe y le falta algún diente. Aún así, esa sonrisa sigue siendo pura y llena de belleza.

El problema que tienen las amígdalas es que no pueden salirse del guion porque cuando dan un poco guerra, acaban en un frasco. Lo suyo siempre ha sido salirse del guion, pero aún así usted se identifica con esta cuestionada parte de la faringe...

–En este espectáculo yo me salgo del guion constantemente. Hay un guion muy construido, armado y cosido, pero en ocasiones me gusta soltar el timón y ver dónde va aquello, improvisar, pedirle al público que proponga temas y crear un monólogo con lo que ellos hayan propuesto. Eso ya lo he hecho en anteriores ocasiones porque me gusta hacer un traje a medida al público cada noche.

–Pero improvisar siempre implica un riesgo...

–Esto es una trampa que me hago a mí mismo para estar alerta durante todo el espectáculo. Si uno empieza a recorrer los caminos de memoria, sin pensar en las curvas, puede salirse. Solemos tener accidentes en las carreteras por las que más transitamos y, para estar alerta, me gusta ponerme estas trampas. Todo el guion está trufado de pequeños baches, pero eso no es un riesgo, todo lo contrario.

Con la potestad que le otorga ser el rey de las pequeñas cosas. ¿Qué opina de las pequeñas dotes diplomáticas de Donald Trump y Kim Jong Un?

–En mi humor jamás me meto en temas políticos o de actualidad. La reivindicación que hago es que se puede hacer humor en otra charca. Los temas serios se pueden tocar con humor, pero en seguida les quitas el peso que merecen.Ahora estamos en un momento complicado con Trump y Kim Jong Un del que podemos reírnos, pero como se desate lo que puede suceder, nos va a hacer más bien poca gracia. Es aterrador ver que hay dos tipos tan poco preparados con tanto poder, dos tipos de gatillo fácil con el dedo cerca del botón. Eso es más temible que divertido.

Dice que el humor es un arma de construcción masiva. ¿Qué hemos construido tomándonos con humor la amenaza yihadista?

–El humor y el amor ayudan a que la vida sea un poco más soportable. La amenaza yihadista, la crisis económica, la de los refugiados o la de los misiles entre Corea del Norte y EE UU son motivos más que suficientes para meternos en el water y tirar de la cisterna. La vida es un lugar muy incómodo, muy duro y muy difícil, y tanto el humor como el amor no solucionan esos problemas, pero los hacen más llevaderos.

El presidente norcoreano y el estadounidense parecen más de armas de destrucción masiva que de construcción masiva. Tal vez necesiten algo de humor...

–No los conozco, pero me pega que saben poco de humor. Esa especie de imperialismo está muy reñido con el sentido del humor. Toda aquel que cree que siempre tiene la razón, no puede tener sentido del humor.

Lo suyo es hacer reír, pero parece que también filosofar sobre la vida, de la que ha llegado a decir que es como un hotel, un sitio en el que pasas poco tiempo y tienes que llevarte todo lo que puedas. ¿Gracias a esta gira tiene la vida llena de botecitos de champú?

–Paso por muchos hoteles y reafirmo mi tesis. Yo me llevo botecillos de jabón, de champú o gorritos de ducha. Esa enfermedad de atesorar botes de gel tiene un nombre y es ‘síndrome de diógeles’, una obsesión por atesorar tantos botecillos de jabón como una pueda.

El diccionario que ha creado usted gracias a sus colaboraciones en la Ser y en El Hormiguero tiene más palabras que el de la RAE. ¿Cuándo lo veremos en papel?

–Ahora mismo lo he mandado a la editorial para que lo lleven a talleres gráficos. Se empezará a imprimir dentro de nada y puedo decir en primicia el título: ‘Cambiando muy poco, algo pasa de estar bien escrito a estar mal escroto’. Es el libro que más me han pedido y puedo decir que estará a la venta desde el 5 de octubre.

¿Qué palabra destacaría de las que aparecen en ese libro?

–Hay infinidad y diré una al azar. Salibachuelo, que es el riachuelo de saliba poco profundo que cruza la mejilla a la hora de la siesta. Baba, que si la vas dejando, va bajando.

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