Felicitaciones para la abuela del Cerrato

Jacoba Torres posa junto a sus biznietos con motivo de su 100 cumpleaños. /Luis Antonio Curiel
Jacoba Torres posa junto a sus biznietos con motivo de su 100 cumpleaños. / Luis Antonio Curiel

Jacoba Torres celebra su centenario rodeada del cariño de familiares y amigos

LUIS ANTONIO CURIELBaltanás

Hay personas que dejan huella por su carácter y nobleza. Es el caso de la señora Jacoba Torres Puertas, que desde el pasado miércoles se ha convertido en la vecina centenaria de Baltanás. La emotiva fiesta comenzó con la visita del párroco de la localidad, Miguel Lobo, que se acercó a su casa para darle la Comunión, uniéndose de este modo en acción de gracias a Dios por la vida de Jacoba. Una visita que espera con especial emoción cada semana, pues es una mujer creyente y el encuentro con Jesús en la Eucaristía le alienta en su ancianidad.

Por la tarde, después de disfrutar de una comida familiar, representantes de la Corporación Municipal presididos por la alcaldesa de Baltanás, María José de la Fuente, entregaron una placa conmemorativa y un ramo de flores como recuerdo de este cien cumpleaños. «Ha sido un día muy emotivo y estoy muy agradecida con todas las felicitaciones y muestras de cariño que he recibido. Me siento afortunada de disfrutar de esta fiesta rodeada de toda mi familia, a la que agradezco los cuidados y atenciones que tienen conmigo, pues todos los días están pendientes de mí. Me siento privilegiada de llegar a los 100 años en mi casa, rodeada del cariño de los míos», destacó emocionada Jacoba Torres.

La vida de la señora Jacoba es una caja de sorpresas, pues está pendiente de todo y de todos y siempre está disponible para la familia y los vecinos. Disfruta charlando con las vecinas, leyendo o rezando el rosario cada día. En el buen tiempo también se pasea por las calles próximas a su casa.

La señora Jacoba maneja perfectamente datos y fechas. Nació el 3 de enero de 1918 en Baltanás, hija de Lázaro Torres y Teresa Puertas. Contrajo matrimonio con el baltanasiego Julio Palomo Villafruela, con el que tuvo la dicha de celebrar sus bodas de oro y con el que estaba muy unida, pues siempre iban de la mano. Fruto de esta unión nacieron tres hijos, Antonio, Daniel y Francisco, conocido como Paquito. Además, el cariño se ve multiplicado con 5 nietos y 5 biznietos, así como con sus sobrinos y familiares que acuden a diario a visitarla. Estuvo muy unida a su hermano Fausto y ahora son sus sobrinos los que continúan con ese afecto familiar.

La señora Jacoba trabajó mucho y apoyó a su marido en el negocio familiar, pues contaban con una camioneta con la que repartían vino y cereales, convirtiéndose años después en una empresa referente en el mundo agrario, Cereales Palomo, que actualmente continúan sus hijos y nietos. «Me ha ido muy bien en la vida, he trabajado mucho, pero también he disfrutado de viajes y otras actividades acompañada de mi marido. A los jóvenes de hoy les animo a que sean sacrificados y se esfuercen en sus trabajos y ocupaciones, pues solo así podrán labrarse un buen porvenir», comentó esta nueva vecina centenaria de Baltanás.

La señora Jacoba sabe muy bien lo que es el sacrificio, la lucha en la vida, pues ha sabido tirar para adelante a pesar de las dificultades. Ha confiado mucho en Dios y en la Virgen de Revilla -Patrona de Baltanás- y esa fe ha sido para ella una fortaleza en medio de una vida de esfuerzo y entrega, especialmente con la pérdida de su hijo Antonio. «Hay que confiar mucho en Dios, que es el que nos ayuda a salir adelante. Por eso, hay que pasar haciendo el bien y ayudando al prójimo», son algunas máximas que repite Jacoba a sus hijos, nietos y biznietos y que todos llevan grabadas a fuego en su corazón. Jacoba recuerda cómo desde niña participaba en el catecismo y doctrina en la ermita de Nuestra Señora de Revilla, después de las clases que recibía en el colegio de las Hijas de la Caridad. «Antes aprendíamos a obedecer y respetar a nuestros mayores y siempre cuidábamos las formas en el trato. Ahora estos valores van cambiando y cada vez nos aguantamos menos», reconoce Jacoba.

Alegrías y tristezas

La señora Jacoba ha conocido muchos cambios y ha visto cómo evolucionaba su pueblo. Atrás quedaron las duras faenas en el campo, el agua racionada que había que recoger en las fuentes, las cartillas de racionamiento, lavar a mano en el pilón o en la artesa, las calles de tierra o el triste episodio de la Guerra Civil Española.

La señora Jacoba ha vivido muchas alegrías y tristezas a lo largo de sus cien años, lo que le han forjado como una mujer sencilla, noble y cariñosa. Ayer su familia y sus vecinos le mostraron su gratitud por un ejemplo de entrega tan hermoso. Es el cariño de toda una vida expresado en señal de agradecimiento, porque en el caso de Jacoba queda patente que ‘cada uno recoge lo que siembra’.

De este modo, Baltanás cuenta con dos vecinas ya centenarias, la señora María Diago, con 101 años, y ahora Jacoba Torres con 100.

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