Las futuras maestras palentinas enseñan... Y aprenden en Ghana

Una de las alumnas en prácticas transporta agua junto a los habitantes de Larabanga, en Ghana. /ISABEL MARTÍNEZ
Una de las alumnas en prácticas transporta agua junto a los habitantes de Larabanga, en Ghana. / ISABEL MARTÍNEZ

Dos alumnas de Educación de la Yutera imparten sus primeras clases en la región africana gracias a una iniciativa de la UVa

Paloma Aguado Carro
PALOMA AGUADO CARROPalencia

Es difícil imaginarse dando clase en un colegio con más de sesenta niños que hablan otro idioma. Que tienen otras costumbres. En África, con cerca de treinta grados y en unas aulas que difieren mucho de las idílicas clases bien acondicionadas. «Pues sí, al principio da un poco de miedo, pero la experiencia es única y vale todo la pena». Sólo hay un objetivo: enseñar con ilusión -aunque a veces sea más lo que se aprende de los niños que todo lo que les puedan aportar los futuros educadores-. Este sueño han decidido convertirlo en realidad dos alumnas del doble grado de educación Infantil y Primaria del Campus de la Yutera, Noelia Vicario y Raquel García. Han regresado el pasado 28 de diciembre a España después de dos meses de prácticas como profesoras en la región de Ghana, en África. No quieren creerse que ya se haya acabado «una experiencia única en su vida».

Sí, en este proyecto pueden colaborar los alumnos de Educación Primaria, Educación Infantil o Educación Social de la Universidad de Valladolid en los campus de Palencia o de Segovia. En vez de hacer sus prácticas en centros educativos de ambas provincias, tienen la oportunidad de realizarlas en Ghana, concretamente en Larabanga -una región al noroeste de África- durante dos meses . Sin duda, una experiencia que aporta a los futuros profesores o educadores sociales una visión de cooperación y colaboración fundamental como profesionales. Hace ya seis años que nació la iniciativa en el campus de Segovia. Desde hace dos, Palencia también participa. Pero, ¿cómo se pueden organizar unas prácticas en África? No sólo gracias a la Universidad de Valladolid. También a la ONG segoviana Adepu.

Cinco de las alumnas de la Universidad de Valladolid que han participado en la iniciativa.
Cinco de las alumnas de la Universidad de Valladolid que han participado en la iniciativa. / ISABEL MARTÍNEZ

José Luis Parejo es profesor del área de Pedagogía en el campus de la Uva en Segovia y uno de los coordinadores del proyecto desde sus inicios. La iniciativa comenzó con un acuerdo con la ONG segoviana, que realizaba voluntariados en la región africana. Así, los alumnos podían certificar las prácticas obligatorias de sus estudios de grado con la experiencia de voluntariado en Ghana de la mano de la ONG. Su labor, por lo tanto, consistirá en dar clases a los niños en la escuela de Ghana y además, llevar a cabo tareas voluntarias por las tardes y ayudar a la comunidad.

En este proyecto solo pueden participar siete alumnos de la Uva. José Luis Parejo explica que uno de los objetivos principales es llevar a grupos pequeños que puedan tener una buena convivencia y disfrutar de una experiencia más personalizada. El proceso de selección es muy exhaustivo debido al contraste social y las dificultades que van a encontrar los alumnos en el país donde van a realizar las prácticas. Por esta razón, se requiere un alto nivel de inglés -idioma en el que se van a impartir las clases-, además de presentar una carta de motivación, una carta de recomendación, el curriculum vitae y enfrentarse a una entrevista personal.

Ganas ante la adversidad

«Al principio tienes miedo porque todo es muy diferente», confiesa Noelia Vicario, alumna del tercer año del doble grado de Primaria e Infantil en el campus de la Yutera de Palencia. Por esta razón, desde el primer momento en el que comienzan con esta aventura, cuentan con el apoyo de la vicedecana de Prácticas y Extensión Universitaria de la Facultad de Educación Social, Patricia San José Rico y el apoyo de un coordinador que les acompaña en su aventura, Alberto Domingo. Su labor es fundamental para los siete alumnos de la Universidad de Valladolid que han acudido este año a Ghana durante tres meses. Además, antes de comenzar las prácticas, realizan varios cursos de cooperación y una convivencia para que los siete seleccionados puedan conocerse y empezar a compartir experiencias. Y es que, durante dos meses, tendrán que convivir todos los días 24 horas en la región africana.

Una de las alumnas de prácticas en un aula en Ghana.
Una de las alumnas de prácticas en un aula en Ghana. / AINHÓA GONZÁLEZ

La experiencia, en palabras de Noelia Vicario, «es única y te da la oportunidad de conocer una cultura muy diferente». Y no solo eso, también de aprender a valorar y apreciar los pequeños detalles. Por ejemplo, ambas alumnas de la Uva explican que la forma de educar en Ghana es muy diferente. Incluso los profesores emplean prácticas de fuerza, como utilizar una vara, para educar a los niños. Sin embargo, lo pequeños también poseen un gran compañerismo y muestran siempre su apoyo unos a otros en las clases.

Una realidad con grandes valores positivos que, como señala la vallisoletana Raquel García, solo puedes conocer si lo vives de primera mano. Y por su puesto, si estás dispuesto a dejar atrás los problemas con los que te vas a encontrar: bichos, suciedad y recursos limitados, como no tener agua potable. Adversidades que para las futuras profesoras ocupan un segundo plano cuando reciben el cariño de los niños y comienzan a descubrir un país repleto de encanto.

El día a día consistía en acudir al colegio a las ocho de la mañana. Después, regresaban para comer y por la tarde continuaban las labores de voluntariado, además de realizar otras tareas de la universidad. Los fines de semana, con más tiempo libre, aprovechaban para descubrir nuevos lugares de África. Por ejemplo, han disfrutado de unas cascadas de película, de ver a un elefante a pocos metros de distancia o de acudir a una boda basada en las tradiciones musulmanas del lugar. Experiencias, que de otra forma, «no podrían haber vivido».

Ambas alumnas explican cómo, en el día a día, el lenguaje verbal no es fundamental para entablar grandes relaciones con los niños y los habitantes de Larabanga. Ellas utilizaban el inglés, pero a veces sólo necesitaban el lenguaje corporal, las muestras de afecto o la música para comunicarse. Sin duda, una aventura que ha marcado un antes y un después en ambas alumnas del campus de la Yutera, que incluso, piensan en repetir la experiencia.

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